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Doce años después
de su primera grabación, el trío sueco (a nombre del pianista Esbjörn
Svensson) confirma con "Viaticum" un camino que partió de unos
presupuestos muy claros que han desembocado en un sonido propio e
intransferible. Sería difícil no descubrirlos en un Blindfold Test, lo
cual, dado cómo está el patio de clones, ya es un punto más que
favorable para el trío. Conseguirlo, además, con una formación tan
básica en la historia del jazz como la de piano, contrabajo y batería es
más meritorio si cabe.
Se podrá buscar en la individualidad del pianista referencias, modos de
improvisar, incluso de expresar vocalmente el placer de la creación
instantánea, pero todo eso no es fin si no medio para crear junto a sus
dos inseparables compañeros un lenguaje que, de todo un conglomerado de
aficiones comunes, desemboca en una idea concreta ajustada por el perfecto
entendimiento de tantos años en la carretera.
No vamos a descubrir a estas alturas la querencia del grupo por los
sonidos rockeros, por una concepción etérea y espacial de la acústica,
por el uso de la electrónica más elegante y moderada, por esas líneas
melódicas y rítmicas a modo de ostinato en la mano izquierda de Svensson,
por el sonido distorsionado y guitarrero del arco del contrabajo de
Berglund o por una rítmica en la batería de extrema precisión, sutileza
y, a la vez, contundencia. Todos estos presupuestos de su música aparecen
en "Viaticum" resumidos en el magnífico "The unstable
table & the infamous fable" (corte 4 del disco). Una delicia que
recuerda a su gran "hit" "Dodge the Dodo".
Un disco, en definitiva, donde prima la concepción grupal de la música
sobre los valores individuales y donde las individualidades conforman un
todo propio tremendamente sugestivo.
Carlos Pérez Cruz |