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Por si fueran pocas
las combinaciones instrumentales que nos ha ofrecido Dave Douglas a lo
largo de su carrera el proyecto Brass Ecstasy explora otra opción más,
la de grupo de viento-metal con el soporte de una batería. No oculta la
fuente principal de inspiración para este quinteto, del que ya da pistas
tanto en su nombre como en el título del disco. Su Brass
Ecstasy (su Éxtasis de los metales) es un guiño nominal a la Brass Fantasy
(Fantasía de los metales) del difunto Lester Bowie que en 1997 tituló
como When the spirit returns una de sus grabaciones. Aquí el
espíritu se mueve de la mano de un quinteto (noneto en el
caso de Bowie) que recupera a dos de los originales Fantasy, el
intérprete de trompa Vincent Chancey y el trombonista Luis Bonilla.
Confirma la fuente de inspiración que el grupo se creara a raíz de un
festival del año 2005 (Festival of New Trumpet Music) que recordaba la
figura de Bowie.
Lester Bowie pasó a la pequeña Historia del Jazz como uno de los
fundadores del Art Ensemble of Chicago y con su Brass Fantasy como uno
de los trompetistas más heterodoxos y divertidos. El sentido del humor
como esencia para afrontar sin necesidad de justificación repertorios
esencialmente populares (incluso el de las Spice Girls), para, como dice
Dave Douglas, arrasar "con las distinciones y la necesidad de
distinción". Es decir, no importa el contexto del que proceda una
composición si con ella se puede hacer buena música. Y en ese sentido
Bowie no tenía ningún prejuicio para hacer su música a partir de otras
de dudosa "reputación" (según la perspectiva desde la que se analice).
La propuesta de Douglas no alcanza el punto "excéntrico" de su
inspirador, tan sólo tres versiones y de temas y autores bien
considerados: Mister Pitiful (Otis Redding y Steve Cropper),
This love affair (Rufus Wainwright) y
I´m so lonesome I could cry (Hank Williams). El resto son
originales del trompetista, como el tema que dedica a Lester Bowie,
Bowie, con un tono casi circense que también tiene el que abre
disco, el This love affair de Wainwright, que recuerda el sonido procesional de
Nueva Orleans. Hay homenajes a otros dos trompetistas: Enrico Rava (con
un Rava en el que Douglas realiza un largo solo apoyado en un
acompañamiento de oscura densidad armónica del trío de metal) y Fats
Navarro (que camina con pulso swingueante en contraposición a
una línea melódica sostenida rítmicamente, pesante incluso, en la que
parece leerse una línea de Be Bop a tempo lento, como
subrayando la ruptura armónica y melódica que supusiera este estilo).
Temas más lúdicos como Orujo (dedicado
a tan ibérica bebida) se combinan con partituras como The brass ring
donde, al igual que en Rava, el trío conformado por
Chancey (trompa), Bonilla (trombón) y Rojas (tuba), más el soporte de
las baquetas de Waits (que en un momento de este tema parece doblar el
tempo para romper la reiteración rítmica del acompañamiento),
se articula desde una posición de base armónica y rítmica para Douglas.
Como en todo lo que Douglas ha tocado (y grabado) hasta la fecha la
calidad de la música es incuestionable desde una doble perspectiva:
composición e improvisación. Incluso instrumentación (ya he comentado la
diversidad tímbrica de su trayectoria). ¿Falta algo en este Spirit
moves? Es probable que le falte la brillantez lúdica del directo
que el formato de estudio sólo permite adivinar. Es una música donde
nunca se pierde la seriedad formal pero que tiene ese punto de diversión
(que no de divertimento) que por la propia naturaleza de los
instrumentos (más bien de los instrumentistas del Brass Ecstasy) y de su
expresividad promete hacer pasar muy buenos ratos tanto a fieles del
Jazz como a profanos. Y es una virtud que una música con semejantes
cualidades y exigencias sea capaz de dibujar una sonrisa.
Carlos Pérez Cruz
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