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En octubre de
2008 tuve la oportunidad de
conversar con el baterista del trío E.S.T. (Esbjörn
Svensson Trio), Magnus Öström, con motivo del lanzamiento del que se
había convertido en disco póstumo del trío,
Leucocyte, tras la
muerte apenas cuatro meses antes del pianista que daba nombre a la
formación.
Entonces, todavía bajo el impacto de una pérdida personal y profesional, Öström no sabía muy bien qué futuro le esperaba a él mismo y a Dan
Berglund, el bajista del trío. En ese momento bastante tenían con
encontrar una razón para volver a tocar. Un año y medio después
de esa conversación no sé qué es de Öström pero sí sé que Berglund ha
retomado una carrera que desde principios de los noventa había estado
monopolizada (para mi regocijo) por E.S.T.
No he encontrado ninguna reseña de este disco que me ocupa que no cite
al trío de Svensson. No hacerlo sería un meritorio ejercicio de
malabarismo pero dejaría fuera de contexto un proyecto que nace como
consecuencia de la pérdida prematura (44 años) del pianista en accidente
de buceo. La permanencia en el tiempo de los grupos del ámbito del Jazz
no es frecuente y en el caso de E.S.T. - que gustó, ¡y mucho! - es
lógico que no dejara espacio a muchas más aventuras musicales. Y si
surgen proyectos que incluyan a Dan o a Magnus, al menos de primeras,
tendrán una atención que sin E.S.T. probablemente no hubieran tenido;
además de que, de manera inconsciente (o no), busquemos con ellos cubrir
el hueco que el trío nos dejó.
Sin olvidar a su compañero tantos años - se supone que para él
va Song for E - Dan Berglund retoma la actividad discográfica
con Tonbruket (palabra sueca que, por lo visto, hace referencia a
los
talleres de sonido) y lo hace con un cuarteto en el que se
reencuentra con un guitarrista con el que ya tocaba en los años
pre-E.S.T., Johan Lindström. Me llama poderosamente la atención el
sonido de su pedal steel guitar; su toque hawaiano aporta un
tono espectral al bloque sonoro de Tonbruket en el que la querencia es
hacia los grandes espacios y hacia una embalaje final de tono rockero y
progresivo. Música de carácter experimental pero no por ello
vanguardista. Ya en las notas promocionales del disco nos hablan de
influencias directas y concretas: Deep Purple, Emerson, Lake and Palmer,
Radiohead o Royksopp son algunas de ellas. Y aunque uno tiende a no
tomar demasiado en consideración los apuntes promocionales lo que nos
indican en este caso es que el resultado final del grupo es una
confluencia de estéticas diversas, cuya etiquetación quizá fuera en su momento
precisa por separado, pero que hoy suman desde el bagaje - como oyentes y
profesionales de
quienes firman el proyecto - para crear un todo de difícil catalogación. Insisto en que
ello no convierte en vanguardia todo lo que se hace pero sí que nos
sitúa ante nuestras propias limitaciones analíticas y ante la dificultad
para hacer entender al personal de qué estamos hablando (algo que se
soluciona abandonando estas palabras y procediendo a la escucha). Así
uno se encuentra (y acudo de nuevo al texto promocional) con etiquetas
como “rock”, “ambient music”, “drum n´bass”, “prog-heavy”, “hard rock” o
“pop” y con calificativos para la música de Tonbruket que van de un
sonido “classic acoustic” a “electronically alienated” (¿?). Lo curioso es
que en ningún momento se menciona el “Jazz” como forma estética cuando
tengo para mí que es a partir del Jazz (como actitud) como muchos de los
elementos se integran con naturalidad. Es más, la improvisación tiene
una clara vocación jazzística (y conforme escribo esto me pregunto: ¿qué
significa eso?).
No importa. Sea cual sea la palabra más precisa para definir a Tonbruket
lo interesante es que es posiblemente la indefinición uno de sus
atractivos (y seguramente uno de los quebraderos de cabeza para
encontrarles colocación en escenarios y festivales dado el sistema de
valores). Hay líneas
melódicas realmente hermosas (me acongoja
Sister sad), mezclas sonoras
excitantes, fondos sonoros de ciencia ficción sobre los que se escuchan
solos tan extravagantemente hermosos como el de Lindström con su
guitarra pedal steel en
Sailor Waltz (tema de Berglund que bien podría haber sido banda
sonora para el viaje de Yuri Gagarin) e incluso un curioso tema circular
como Gi Hop que a mí me
recuerda a algunas de las formas musicales de uno de los grandes grupos
Folk suecos: Hedningarna (aunque parece estar más extendida por la red
la opinión – copy & paste – de que la referencia es la Penguin Cafe
Orchestra). Se puede uno imaginar un
western futurista escuchando
Cool blooded music o
directamente recorrer la USAmérica de
Una historia verdadera (David
Lynch) con el punto country de
The wind and the leaves.
Uno de los méritos de E.S.T. es que, sin cambiar el rumbo de la música,
supo componer y hacer madurar un estilo reconocible a partir de los
diferentes gustos musicales y aportación de sus tres componentes. El
punto de partida de Tonbruket parece semejante; el estilo diferente. Que
el tiempo permita la maduración y definición de la personalidad de este
cuarteto ya se verá.
Carlos Pérez Cruz |