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El caso de Cristian
Cuturrufo es semejante al de muchos músicos de hoy en día.
Instrumentista de grandes condiciones técnicas cuyos modos y maneras
beben con claridad del be bop. El revisionismo de este género, tan en
boga en estos días, no escapa a la tentación del trompetista chileno.
Sin embargo en Cristian confluye un elemento esencial para hacer de su
escucha algo atractivo: la pasión. Destila energía por todos los poros
de una trompeta que frasea a la perfección. Sonido preciso con un toque
de "suciedad" característico. El repertorio no aporta mucho de
nuevo. Está en la improvisación lo más interesante de un disco que se
escucha con suma facilidad y agrado.
A punto de alcanzar los treinta años de edad Cuturrufo se encuentra en un
buen momento de forma y conocimientos como para intentar dar un paso
adelante en sus inquietudes musicales. Mimbres tiene. Está por ver su
interés.
Carlos Pérez Cruz |