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Serán más o menos
próximos a nuestras filias y fobias musicales pero no recuerdo ni uno
solo de los discos de Bojan Zulfikarpasic que sean borrón en una carrera
que se inició discográficamente hace ya diecisiete años. Siete discos en
este tiempo permiten pensar que entre unos y otros hay tiempo consciente
de maduración
de los proyectos y así le hemos podido escuchar con otros jóvenes de la
escena francesa que él habita (especialmente el saxofonista Julien
Lourau en Bojan Z Quartet y Jopla - 1993 y 1995
respectivamente -), junto a nombres de origen, como él mismo, en los
Balcanes (Koreni en 1999), a solo (Solobsession en
2000), junto a USAmericanos (Transpacifik en 2003) y
presentando un nuevo instrumento - el xenophone - en un grupo mezcla
franco - USAmericana (Xenophonia en 2006). Cada disco, a
excepción de los dos primeros, una presentación nominal y también
estética. Siempre el Jazz como elemento de cohesión, siempre algún toque
folclórico de los Balcanes que le vieron nacer pero en cada grabación
una forma expresiva diferente más o menos evidente.
Humus es, si uno ha escuchado su música durante años, producto
de una evolución que parece natural en el pianista nacido en Belgrado.
Es un disco de un nivel jazzístico excepcional, no faltan los guiños al
folclore balcánico y en esta ocasión, además, es un trabajo de notable
influencia rockera. Ya en su adolescencia tocaba en grupos de Rock; ya
en su llegada a Francia experimentó junto al guitarrista Noel Akchoté y
al saxofonista Julien Lourau en un grupo llamado Trash Corporation que
presentan (yo nunca lo he escuchado) como un grupo inspirado por el Rock
y el Free Jazz. En este nuevo trabajo hay esa parte rockera que ya
habíamos conocido en Koreni (aunque entonces un Rock más
directo, limpio y ortodoxo) e intuido en Xenophonia y hay no tanto una
influencia directa del Free como un carácter abierto y experimental
sobre la base, en esta ocasión, de composiciones de estructura compleja,
rítmicamente cambiantes, frenéticas por momentos, llenas de contrapuntos
tanto en una visión global como en una tema por tema; títulos que pasan
por varios estadios expresivos.
Para "endurecer" el sonido de su música Zulfikarpasic ha contado con dos
músicos británicos que forman parte de la banda Acoustic Ladyland. Banda
londinense de Punk instrumental (o de un Jazz con cresta - permítaseme
la broma -) de la que proceden la bajista Ruth Goller (aunque el primer
bajista de la Tetraband fue Christophe Minck) y el baterista Sebastian
Rochford. Fue en 2004 cuando coincidió con el grupo británico en el
Festival de Bath (Inglaterra) y donde Bojan Z se dijo que ese era el
sonido que yo había querido desde que empecé, aunque para ello el
piano quizá no fuera el instrumento idoneo. A partir de ahí fue cuando
al piano de Z se sumó el fender rhodes - más propicio para la "suciedad"
sonora - y, más tarde, ese teclado de propia invención llamado xenophon.
La banda se formó con un cuarto elemento: el trombonista Josh Roseman,
músico del Nueva York jazzístico con una trayectoria igualmente poco
mainstream (Uri Caine, Lester Bowie, John Zorn...) y que está
espléndido durante todo el disco, virtuoso en lo técnico y muy expresivo
como voz instrumental.
Es un disco Humus de los que se calientan conforme más vueltas
se le da; en el que los temas aparentemente más simples temáticamente -
por ejemplo el (casi) pop August Song - terminan por deparar
desarrollos inesperados, ya sea por los abruptos giros rítmicos o por
los espacios abiertos - más aleatorios - que ofrecen un respiro al
vértigo (caso de Empty Shell - tema que Rochford aporta
del repertorio de su grupo Fulborn Teversham). Hay también títulos más
viscerales en su planteamiento (menos complejos estructuralmente) como
Greedy (in goods we trust) (curioso y juguetón título que se
podría traducir como Avaricioso (creemos en los bienes)) que
suena funky e incluso melódicamente soul a partir de una
presentación puramente rockera. Y mi favorito de Humus, el
Nº9: título numérico para una pieza en la que piano y trombón
terminan confluyendo en la lectura temática creando una preciosa
sonoridad (la más acústica del proyecto - aparte del piano solo Focus@
-) de carácter circular y, de nuevo, inspiración folclórica (más
evidente si cabe en las melodías de Natural ground y
Fuzzlija). Cada escucha atenta de este
Humus descubre al oyente atento nuevos matices y permite valorar la
complejidad de unos arreglos (y producción de estudio) quizá no siempre
trasladables al directo pero que nos muestran a un músico no sólo capaz
de improvisar de manera brillante sino de crear música sorprendente.
Carlos Pérez Cruz
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