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¿Cuáles son tus
artistas favoritos? A esta pregunta, recurrente en muchas de las
entrevistas a músicos, los hermanos Belmondo responden con hechos (y,
sobre todo, con grabaciones). Si admiran al saxofonista Yusef Lateef, ¿por
qué no grabar un disco con su música? Y si además él está dispuesto a
participar, mejor que mejor. Dicho y hecho, en 2005 Lionel (saxofonista) y
Stéphane (trompetista) firmaron junto a Yusef Lateef un intenso doble CD
titulado Influence. Un año antes, y a nombre del trompetista,
llegaba Wonderland, un trabajo sobre música de Stevie Wonder.
Ahora, en 2008, la nómina de dispares artistas admirados se amplía con
el nombre de uno de los brasileños más internacionales, el cantante y
guitarrista Miton Nascimento.
Con la audición de este trabajo un servidor, que no es especialmente
seguidor de lo que normalmente conocemos como música brasileña (Bossa
Nova, Samba...), se ha enamorado por completo de la voz y música de
Milton Nascimento. Cierto es que los arreglos tan preciosistas del disco
ayudan a potenciar determinadas emociones aunque en este tipo de trabajos
orquestales siempre se corre el riesgo de desnaturalizar la música
original. Claro que quien es novato en el recorrido profesional de
Nascimento, como es mi caso, tiene la ventaja de no poder (¿o querer?)
comparar, por lo que opina en base al resultado final del proyecto en sí.
Este trabajo, titulado simplemente como Belmondo & Milton
Nascimento, (y viceversa) refrenda las maneras clasicistas de
los hermanos Belmondo. Lo es por las características como arreglista de
Lionel (junto a Christophe Dal Sasso, compositor y arreglista también en
anteriores proyectos de los Belmondo) con un planteamiento en el que prima
la elegancia de las formas, en el que la orquesta de cuerdas y la sección
de vientos ejercen de romántico colchón sonoro pero donde también hay
espacio para la improvisación jazzística por parte, sobre todo, de un
buen pianista como es el belga Eric Legnini y de Stéphane, cuyas maneras
como solista en este disco recuerdan en parte al estilo de un Wynton
Marsalis con cuerdas (The midnight blues – Standard Time Vol.5).
Desde esa perspectiva no hay mayor sorpresa en el resultado final del
disco pero sí belleza por la propia naturaleza de las piezas originales y
el envoltorio instrumental.
El repertorio está conformado por varios temas de la trayectoria de
Milton Nascimento aunque también se puede escuchar una composición de
Christophe Dal Sasso, Oraçao (atención al solo wyntoniano de
Stéphane), y un arreglo sobre una canción de cuna de Maurice Ravel unida
a una composición de Lionel (en ambos casos temas instrumentales donde la
voz de Nascimento es un instrumento más). Ya sólo el tema de inicio del
disco, Ponta de Areia, emociona aunque “simplemente” se trate
de una exposición temática (sin desarrollo de improvisaciones). Es tan
brillante y nostálgica la melodía (subrayada por los vientos y acompañada
por las cuerdas) que invita a discurrir por el resto del disco donde
predominan las baladas y tiempos medios y en el que las formas jazzísticas
revisten perfectamente los conceptos creativos de Nascimento (algo que
antes ya hicieron artistas como Herbie Hancock, Wayne Shorter o Pat
Metheny), tal y como demuestran los arreglos de Milagre dos Peixes o
Saudade dos avioes da Panair (melancólicos recuerdos con el
trasfondo de la desaparecida compañía aérea brasileña).
Un
hermoso homenaje (con presencia activa del homenajeado) en el que el
clasicismo de las formas (y, por lo tanto, la aparente ausencia de riesgos
o moldes rotos) no resta capacidad de seducción de principio a fin.
Carlos Pérez Cruz
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