|
La calle de la duda
es un rincón de nuestra geografía musical que al descubrirlo despierta
en la mente de uno cuestiones cuyas respuestas no dejan lugar a la duda.
¿Es tan buena esta música como parece?… Imagino que en palabras de un
locutor de radiofórmula la respuesta se ceñiría a un: “es bueno
porque es buenísimooooo”. Semejante afirmación no deja lugar a la
duda. Sólo que imagino que la insistencia del interrogador acerca del
porqué dejaría al susodicho locutor (no exagerado por mi a veces
“peligrosa” imaginación sino que oído de verdad en circunstancia
involuntaria) acorralado con sus argumentos de belleza anatómica (¿?) de
la música. Y la verdad que, guapo, lo que se dice guapo, imagino no será
la principal virtud que pueda yo destacar de Iñaki Askunze. Así que,
sintiéndolo mucho, habrá que hablar de música.
La música del donostiarra (navarro de adopción) Askunze camina por una
calle que más que asfaltada diremos romana (que durán más). Después de
tres discos en formación de big band (Iruña big band que estás en los
cielos…) y un cuarto al que a la big band iba restando componentes según
tema, llega éste para sexteto con el aditivo de la guitarra argentina de
Dani Pérez para tres septetos.
Diez temas con firma de Iñaki Askunze que nos trasladan por ritmos
varios, cambiantes dentro de algunos de los propios temas, que muestran la
cuidada escritura de Askunze alejada de breves melodías excusa para
improvisadores en jam session. Melodías con aíre swingeante, que en
ocasiones se torna funky, para terminar de seducirnos con baladas marca de
la casa. Música leída por un trío de vientos peinados con armonías que
juegan consigo con envidiable soltura.
Semejante tráfico musical requiere experimentados conductores. Dos saxos,
trompeta más guitarra conducidos por un todoterreno de lujo que conducen
un Marc Miralta con soberbio sentido del swing (alejado de sus habituales
aires flamencos); David Mengual, un contrabajo amante del riesgo aquí con
templanza, afinación exquisita y hermosa sonoridad contrabajística;
Albert Bover, lienzo de lujo para cualquier pintor de solos (que cuando
coge la brocha…).
La sección de vientos: con el titular del disco, Askunze, que suma a su
ya elogiado arte compositor un sentido de la improvisación ajeno a
innecesarios aspavientos. Concreción y buen gusto; Ion Robles, al alto y
soprano, se muestra una vez más imprescindible para nuestra escena (lástima
de necesidades alimentarias… Jorgito Sanz); Benet Palet o la
sensibilidad hecha trompeta; Dani Pérez contrapunto a tres vientos de
lujo con un concepto improvisatorio que comparte las mencionadas características
de Askunze.
¿Dudas?
Carlos Pérez Cruz |