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Asumo mi vagancia y
reúno en una misma reseña dos trabajos discográficos independientes el
uno del otro. El uno es el de la pianista jiennense Irene Aranda (1980),
el otro el de la percusionista gallega Lucía Martínez (1982). Pero ya
que ahorro tinta electrónica trataré de cuadrar el círculo y buscar en
ellos elementos que los unan y hagan de mi pereza virtud. Por ejemplo,
ambos son trabajos con firma femenina. ¿Qué tiene ello de especial? No
debiera, pero lo tiene porque la Historia del Jazz es pródiga en
masculinidad. Lucía Martínez tiene una teoría y en ella razona que el
ambiente noctámbulo del Jazz no atrae mucho al cromosoma XX (ese debe de
ser mi lado femenino). Esta música ha tenido que convivir siempre con esa
fama que algunos músicos disfrutan y muchas instituciones promueven
(precisamente por falta de ídem). Sea por la razón que fuere mis
encuentros con mujeres creadoras suelen resultar satisfactorios (aunque
sería mucho concluir que mujer y satisfacción son uno).
Una segunda cuadratura para reunir a Irene y a Lucía es que ambas son de
origen ibérico. Me temo que eso me importa más bien poco si de lo que
hablamos es de geografía política, esta no hace al músico (bueno, a
veces inspira una común mala leche), pero sí me interesa más si de lo
que hablamos es de geografía cultural, que puede llegar a determinar la
estética del creador. Y eso sucede en ambos casos. Irene es andaluza
(aunque ahora resida en Valencia) y procede por lo tanto de una región
con tradición flamenca/árabe cuyos dejes armónicos han influido en la
mayor parte de los géneros musicales que se consideran typical spanish
(pasodoble, zarzuela...). En la música de la pianista se percibe ese
bagaje pero, al contrario que en otros muchos casos, lo suyo no es
Jazz-Flamenco, lo suyo es Jazz hecho por una andaluza que además ha
mamado (y se nota) la música de Clásicos con influencia folclórica
española (ella menciona a Albéniz, Falla y Granados) además de a
compositores de finales del XIX y siglo XX como Bartók (autor del que
arregla fragmentos en uno de los temas del disco), Ravel, Debussy o
Stravinsky, nombres que junto a Bach, suelen ser mencionados por muchos
jazzistas y que pueden dar una pista de ciertos vericuetos rítmicos,
pinceladas armónicas y giros melódicos en su música (desde la forma de
fuga hasta un cierto impresionismo pasando por frecuentes ostinatos
melódicos y rítmicos) así como de una concepción camerística del envoltorio sonoro, sin olvidar los fundamentos de la
ortodoxia jazzística (con una querencia coltreniana en el tratamiento de
los temas más modales). En el caso de Lucía Martínez su origen gallego
surge en forma de versión de un tradicional (Eu de Marín Ausenteime)
con el que ha podido cumplir un sueño, el de poder contar con la cantante
Maria Joao. Y aunque
la música tradicional gallega no es precisamente el Flamenco hay más de
Jazz-Flamenco al uso (Lucecita
de la Mañana, por ejemplo) en su música que en la de Irene Aranda
(que es, por otro lado, más "española" en su tono global) para la que se ha permitido el lujo de contar con uno
de los saxofonistas fetiche del género (aunque lo puede ser de casi
cualquier género que se proponga), Perico Sambeat. Sea por lo que fuere
cuando un ibérico emigra de su país (y Lucía lleva años de aquí para
allá) termina por interiorizar la cadencia española como parte de
su propia esencia (¿por qué? ¿por qué?... hoy la pereza me puede).
Tercera de las cuadraturas. Ambas son músicos con una concepción muy
abierta de la música. Es decir, en contra de lo que suele ser habitual en
una parte muy amplia de la geografía ibérica, tan dada a repetir
esquemas y a admirar la tradición del bop y derivados, Irene y Lucía
hacen su propia música. Eso incluye la influencia cultural directa ya
mencionada pero también la posibilidad de practicar lenguajes menos
propicios para la complacencia, con un toque experimental y algo free,
sobre todo en el caso de Lucía Martínez que cambia de registro con la
convicción de quien no aprendió la música desde la teórica de los
estilos sino absorbiendo lo que iba llegando a sus oídos sin discernir si
eran churras o merinas. Y ese tipo de mentalidad genera músicos capaces
de sorprender y que escapan al estándar de clonación tan frecuente en
estos días.
Cuarta cuadratura. Ambas son muy jóvenes. Irene grabó el disco con 27
años y Lucía con 25. Bueno, ¿y qué?, se preguntará el lector. Eso
digo yo, ¿y qué?. Grandes figuras del Jazz lo fueron siendo y muriendo
jóvenes. Pero curiosamente ahora sorprende que alguien joven en Jazz sea
capaz de sorprender, de mostrar madurez musical. A pesar (digo bien) de
que ambas se han formado o se forman académicamente tienen personalidad
propia y definida (vale, vale, estoy volviendo a la tercera cuadratura) y
para ello ambas se han buscado la vida. Irene salió de su Andalucía
natal y ha terminado en Valencia. Lucía reside ahora en Berlín pero
pasó antes por Portugal, Finlandia, etcétera. Lo mejor que se puede
decir de su juventud es que sólo están empezando y ya han dicho algo
interesante.
Quinta cuadratura. Tanto en Interfrequency 23 7 como en Soños e
Delirios se mezclan consagrados y noveles. Además en los dos
proyectos conviven músicos de diferentes países. Esto tiene varias
lecturas. La presencia de veteranos como Perico (como invitado) o Baldo
Martínez (como productor artístico) en el disco de Lucía o de Jeff
Jerolamon en el de Irene de igual a igual habla del nivel de ellas. Hace
años esto era impensable en territorio ibérico. Que el cuarteto de
Lucía lo conformen músicos portugueses y en el grupo de Irene figuren
nombres como Matthew Baker o Paul Evans sólo nos recuerda que el complejo
de inferioridad con los músicos de otros países no lo conocen las nuevas
generaciones. Aunque todavía por aquí se esté a años luz de lo que
algunos países proponen culturalmente (en la más amplia extensión de la
palabra).
Sexta cuadratura. Irena Aranda y Lucía Martínez dan nombre a sus
proyectos. Sin embargo tienen un sentido colectivo de la música. Son
líderes pero no solistas. O dicho de otra manera, tienen sus solos pero
permanentemente están al servicio de la colectividad y no a la inversa. Y
eso nos permite disfrutar de buena música grupal y de pinceladas de
solistas muy notables. Cada uno con su estilo, más o menos afín a la
idea sonora global de cada proyecto.
Séptima cuadratura (y al séptimo descansó). ¡¡¡No tocan standards!!!
Carlos Pérez Cruz
ESCUCHA
LA ENTREVISTA EN "CLUB DE JAZZ" CON IRENE ARANDA (FEBRERO
2009)
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LA ENTREVISTA EN "CLUB DE JAZZ" CON LUCÍA MARTÍNEZ
(FEBRERO 2009) |