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España es un país
duro de pelar: lo más parecido al paisaje estepario de los campos de
Castilla en pleno invierno. Sopla un frío siberiano que se cuela por los
huesos de nuestra raquítica arquitectura cultural. Conste de antemano
que a pocos importa. Por eso uno admira a quienes, contra el
sino de los tiempos (y los vientos), se mantienen como quien oye llover,
a lo suyo. Sólo así se pueden levantar estructuras creativas imposibles,
formaciones que claman contra la lógica de los tiempos. ¿Adónde vas con
catorce músicos, alma de Dios? ¡Si la música que practicas no aparece ni
como el moco de los estornudos mediáticos! ¡Si te recortan hasta los
recortes en los que siempre has vivido! Supongo que hay que ser muy
consciente de todo eso para caer en la inconsciencia y animarse a llevar
adelante una formación que es lo más parecido a una big band profesional
en activo que tenemos por estos lares. En España todavía se asume (toco
madera) que las orquestas sinfónicas son cosa del erario público. Lo de
las big bands... eso ya es mucho pedir. Y así nos va. Que algunos vamos
con el babero puesto cuando miramos hacia Alemania.
Que exista la Afrodisian Orchestra ya es para empezar a dar volteretas
en el aire y no parar (y así sacar el frío). Que acaben de publicar un
segundo trabajo discográfico es para hacer puenting. Que
salieran de Madrid con regularidad sería cosa normal, pero no en España.
En España, y menos hoy, ¿quién pagaría una formación así? Si algún día
los veo por mi tierra sospecharé que se han vendido por un bocadillo de
txistorra. Así que mi sospecha (o certeza, no sé muy bien) es que algo
así tiene mucho de amor al arte que practican.
Una vez aplaudido el esfuerzo, al grano musical. Este segundo disco de
la Afrodisian Orchestra descubre el contenido en su título:
Satierismos. La música de Erik Satie llevada al terreno de una
formación con estructura jazzística y ornamentos flamencos, rockeros y
latinos, entre otros. La orquesta de Miguel
Blanco escoge algunas de sus piezas más conocidas: las que forman parte
de su etapa inicial como compositor, la de finales de la década de los
ochenta y los noventa del siglo XIX. Es la etapa de Satie como precursor
de un impresionismo contra el que más adelante, en cierto modo, se
revolvería, inmerso como estaba en la vorágine de vanguardias que se
desató en el París de las primeras décadas del siglo XX. Sólo el
Nocturne nº3 - de su serie de Nocturnos compuesta en 1919 -
rompe la línea temporal determinada por tres Gnossienne (1, 3 y
4), tres Gymnopédie (1, 2 y 3), Le fils des étoiles y
Airs à faire fuir (de la serie Pièces froides). En
ese sentido, es una apuesta por el Satie del inconsciente colectivo.
Dentro de las posibles adaptaciones del repertorio Clásico al Jazz (con
todas las precauciones propias del uso a la ligera del término Clásico),
el impresionismo (y me perdone Satie) tiene algunos elementos que lo
hacen más propicio a la adaptación que, pongamos por caso, las sinfonías
wagnerianas. Es más, existe un paralelismo entre la armonía
impresionista y la armonía moderna; por ejemplo, en cómo ambas hacen uso
de las tensiones o disonancias. (La referencia del impresionismo, el
color armónico, resulta muy evidente en algunos pianistas de Jazz). Si a
eso le añadimos el carácter minimalista, la brevedad de las
composiciones, la flexibilidad rítmica o su acentuado sentido de la
melodía, hay terreno favorable para el encuentro. A partir de esas bases
tan maleables, depende ya del enfoque e intereses de cada uno. Y es ahí
donde quizá se produce una mayor fricción entre el original y la versión
propuesta por la Afrodisian Orchestra. El planteamiento de Miguel Blanco
(como director musical y principal arreglista) es tan amplio con el
espectro estilístico que la propuesta termina por diluirse, se dispersan
los sentidos. Con independencia de que sean varios los palos a los que
se puede someter la música de ese Satie, también es cierto que
toda melodía es susceptible de ser swingueada, pero que no por
el hecho de hacerlo uno resulta original.
Miguel Blanco ha sometido la música de Satie a diversas fórmulas
rítmicas y culturales, aflamencadas (tanguillos, tientos) o más latinas
(baiao, samba, descarga). Y tiene su gracia ver cómo baila la samba la
tan famosa Gymnopédie 1 pero es, precisamente en el encaje
entre original y versión, donde uno no termina de discernir qué
importancia tiene que sea en origen música de Satie o de cualquier otro
autor. Resulta meramente anecdótico y convierte a Satie en un convidado
de piedra, en una excusa como otra cualquiera para explorar los terrenos
que ha frecuentado Blanco durante toda su carrera musical. Si uno
afronta la escucha sin el referente de Satie puede disfrutar más o
menos (dependiendo de las propias afinidades estilísticas) con el
espacio para el esparcimiento que permiten los arreglos del bajista;
pero si entra en Satierismos con la curiosidad de un Satie tratado
con orquesta jazzística, son más las dudas sobre la pertinencia o no del
proyecto bajo ese reclamo. Porque no hay más Satie que el que sirve de
excusa. No es Satierismos un disco que trabaje y se despliegue con Satie
como marco estilístico de referencia. En todo caso, Satie es quien se adapta, quien ofrece la
melodía. Para que se me entienda: no por hacer un arreglo para una big
band a lo Count Basie de una melodía folclórica vasca o gallega se está
haciendo Jazz 'vasco' o 'gallego'.
Dicho lo cual, este trabajo de la Afrodisian Orchestra tiene sus
puntos fuertes y aciertos asombrosos, como el de la bellísima versión de
Gnossienne 3 (Tientos) que, curiosamente, es la que más
resonancias ofrece del Satie original por su delicada armonización y
arreglos. Roza con los dedos la caricia e intimidad. Además le aportan
letra y cante, ambos obra del saxofonista y cantaor Antonio Lizana. El
solo con flauta ney de Jaime Muela aporta el toque orientalista que
sugiere la armonía del original. El pulso sereno marcado por las palmas,
la resonancia del clarinete bajo en el dibujo de la melodía de
acompañamiento... todo confluye para hacer de este corte del disco una
auténtica maravilla, y da una pista de por dónde podría haber caminado un
proyecto verdaderamente satierista.
Carlos Pérez Cruz
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