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Diez años de riesgo
son, en el mundillo discográfico, buena excusa de celebración. Torres más
altas han caído en menos tiempo por el riesgo asumido. Ser creativo en la
propuesta discográfica suele desembocar en dos caminos: la muerte o la
absorción por una multinacional (¿acaso sinónimo de lo primero?).
Tratar de resumir en los 70 minutos (la duración del disco) lo mejor de
un sello como ACT es ardua tarea. Son muchos los sonidos que quedan para
la curiosidad personal de investigación y, por lo contrario, se cuelan
otros que quizá desentonan en contexto marcado por la especial belleza
del jazz que bebe de la cultura tradicional.
La cultura tradicional caracteriza en muchos casos la diferencia
sustancial del jazz del resto del mundo en comparación con el jazz
norteamericano. Siglos de tradición musical (y por extensión, cultural)
reflejados en una música de especial sentimiento. Sentimientos de cultura
tradicional sueca (excepcional dúo Nils Landgren -trombón- y Esbjörn
Svensson -piano-), vietnamita (Nguyên Lê - guitarra- Huong Thanh -voz-),
flamenca (Cañizares, Pardo, Benavent, "El Portugués"... ¿necesitan
presentación?) entre otras. Todas ellas caracterizan a este sello creado
por Sigfried Loch quien, antes de crear ACT, conoció las miserias de la
industria discográfica. Miserias de creatividad.
Este "diez años mágicos" hace justicia a uno de los lemas de
la casa: "Un poco de magia en un mundo ruidoso". Filosofías que
de alguna manera anexionan ACT con el también alemán ECM y su ya famoso
"el mejor sonido después del silencio".
En resumen: un recopilatorio que sirve de escaparate de lo que ACT ofrece
en una, en general, acertada selección. Descubrimiento de nombres a
respetar y confirmación de los ya clásicos de lo no tan clásico.
Curiosidad a modo de Post Data: el sello se fundó en 1992 con un proyecto
de jazz-flamenco llamada "Jazzpaña" con nombres del flamenco y
jazz-flamenco español, la WDR alemana y artistas internacionales como
Michael Brecker o Peter Erskine. Sello alemán. En fin... y aquí, muriéndonos
del asco.
Carlos Pérez Cruz |