Club de Jazz 14/11/2017
Conversación con Nels Cline

Reseñas de discos

Irene Aranda · Germán Díaz · Lucía Martínez - Tribus
Producciones Efímeras - 2016
Año: 2016
Sello: Producciones Efímeras
Músicos: Irene Aranda (piano y piano extendido), Germán Díaz (zanfona y caja de música), Lucía Martínez (batería y percusión)

Aranda, Díaz, Martínez - Tribus

Hay algo extraordinario en la impertinencia creativa de los músicos que van inmolándose con su arte a contracorriente, que van por la vida empeñándose en ir más allá, cuando la realidad impone un atosigante más acá. Hay algo extraordinario en la vehemente tozudez de Irene Aranda, localizada en uno de los focos ibéricos más áridos para una persona con instintos creativos y, sin embargo, empeñada en inventarse a diario un vergel. Después de experimentar la soledad con Yetzer, la jiennense ahonda en su enajenación con cómplices, con dos de la tribu de músicos que, como los salmones, son de los que van para arriba cuando todo baja.


Es Irene quien convoca a la tropa, pero no sé en qué cabeza nació la posibilidad de formar un trío tan extraño: piano, zanfona y batería. Se da además un dos contra uno, dos mujeres y un hombre, lo que ya en términos estadísticos resulta una anomalía en el mundillo de la improvisación (y hasta aquí la negrita al femenino de este texto). Visto en perspectiva, hay lógicas que los reúnen: la trayectoria de los tres carece de normas de etiqueta. Germán es zanfonista, ergo su hábitat es el folk, aunque lo suyo es propio y las colaboraciones abrazan el jazz; Lucía es percusionista, su pedigrí es jazzístico e improvisador, con proyectos cargados de pasión melódica y otros donde ésta se retuerce. Si le das una zanfona, la hace sonar. La distancia de su tierra, Galicia, sólo incrementa su morriña folclórica; Irene Aranda es pianista, pero sigue los dictados de Cecil Taylor sobre el piano como instrumento de percusión (y caja de resonancias). Tan contempóranea como pueda sonar, su forma de tocar y componer es un eco de los ancestros. Folclore improvisado. El piano como güija del siglo XXI.


Se reunieron los tres dos días en el Teatro Principal de Santiago de Compostela para grabar el disco y ofrecer un concierto. La urgencia es terreno abonado para la improvisación, ese no-lenguaje que permite a sus hablantes más versados establecer un diálogo sin guión y salir con una novela bajo el brazo. Apenas un par de versos en papel, para abrir y cerrar disco, para ponerle funda poética a una grabación que entra por la piel, no (sólo) por los oídos. Escuchado con atención, Tribus es una experiencia para los sentidos, difícilmente mesurable desde una óptica musical convencional. Un akelarre sonoro en el que diluyen las funciones y sonoridades de sus respectivos instrumentos, en el que se juega al gato y al ratón de la improvisación libre y se recrean en crear espacios acústicos que remiten tanto a los imaginarios del folk y el (free) jazz, como a acústicas vírgenes. Tribus apela a la más íntima atención, porque no es música que acompañe ni simplemente se escuche, sino que invita a la exploración, paralela a la suya propia. Hipnosis que obliga a un bucle de escuchas. Cuantas más vueltas, más emociones. Música en capas, como una cebolla. Lágrimas sinceras, no fruto de una reacción química. Pura alquimia del arte.


Carlos Pérez Cruz

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