Club de Jazz 7/04/2020
Jazz en cuarentena IV

Reseñas de discos

M·A·P (Marco Mezquida, Ernesto Aurignac, Ramon Prats)
Autoproducción - 2016
Año: 2016
Sello: Autoproducción
Músicos: Marco Mezquida (piano), Ernesto Aurignac (saxo alto), Ramon Prats (batería)

M·A·P

Hay proyectos que están pensados para el estudio de grabación, obras de la historia de la música que difícilmente pueden ser llevadas al directo por cuestiones de complejidad técnica y logística. Son excepción. La mayoría buscan trasladar después al escenario lo que se ha esbozado en el estudio (a veces, a la inversa: buscan dejar al final de un largo camino de conciertos la prueba de la sincronía alcanzada). En el caso del pop, el directo difícilmente mejora al estudio, que en ocasiones maquilla debilidades. Eso sí, la experiencia puede ser mejor porque en el concierto existe una energía colectiva de la que carece el disco. En el caso del jazz no se sabe muy bien ya a estas alturas para qué se graba, pero se sigue y se seguirá haciendo. Hay cosas en que a cabezonería no le ganan a un jazzista.

El caso de M·A·P, trío que reúne a tres de los músicos más relevantes entre las nuevas hornadas de improvisadores en tierras ibéricas, es particular. Sin tener disco, y sin haber pisado escenario alguno, ya contaba hasta con un artículo publicado en prensa. De ellos se señalaba que podrían ser el "revulsivo del jazz en España". ¡Ah! ¡Duro páramo el español! Con un público educado en una visión retrospectiva del jazz, abrirlo a nuevas propuestas y, sobre todo, a músicos que hacen música de su tiempo (y en su tiempo), la misión se antoja épica. Buen conocedor del panorama, el autor de aquella nota en la prensa, Pablo Sanz, intuye que es ahora o nunca. Que si la existencia de músicos como Marco Mezquida, Ernesto Aurignac y Ramon Prats se ignora, o su conocimiento no pasa del encuentro coyuntural, entonces habrá que pensar que definitivamente este es un país de sordos, duro como una corteza de cerdo.

Ha habido nombres en el camino como para despertarnos del letargo, ¡faltaba más!, pero quizá con músicos como los de M·A·P empezamos a saborear la excelencia homologable a esos proyectos foráneos que miramos con envidia. No es que sean músicos sobradamente preparados, es que además son creadores, forjadores de sus propios paisajes estéticos. Además, se da la circunstancia en este caso de que es una persona externa al grupo quien los reúne, el promotor Jesús Gonzalo. No es menor este dato, porque a veces un oído externo puede deducir lo que un músico quizá no intuye. Gonzalo adivinó el resultado de un encuentro que tiene su aquel, en cuanto Ramon y Marco, grosso modo, han apostado en sus respectivas carreras por salir de exploración, mientras Ernesto vuelca gran parte de su inagotable fogosidad y exaltada pasión en prender fuego a las brasas del pasado. Son tan versátiles, y aman tanto la música, que ponerse de acuerdo no iba a ser problema.

El resultado de M·A·P es la conjunción natural de sus respectivas inclinaciones: el lirismo hipnótico de Marco con la riqueza, precisión y libertad rítmica de Ramon junto con la resonancia elegante y poderosa del pasional Ernesto. Pueden hacer básicamente lo que se les antoje porque, ya sean lo temas más o menos afines a sus afecciones íntimas, tienen la suficiente amplitud de miras tanto para remover el pasado, y que sea contemporáneo, como para vivir el presente como si no hubiera mañana. Son pura pasión, y además excelentes instrumentistas. La combinación del virtuosismo con la vivencia a flor de piel de lo que se toca es la excelencia. Y entre los tres se contagian: de los ecos del expresionismo ornettiano de la Discusión de Marco Mezquida; del minimalismo y la incertidumbre del Obituario de Ernesto Aurignac; del revitalizante, energético y, si me apuran, neorlesiano Conan-canon de Ramon Prats.

Hay clasicismo y romanticismo, hay ruptura y encuentro, hay experimentación y convención. Hay de todo en este primer disco del grupo menos quizá su esencia: la apertura y el desarrollo, la fiebre que les va subiendo en campo abierto. Escuchados en concierto, el disco sabe a poco. Quizá limitado al esqueleto en estudio, en el escenario se dejan la piel. Eso sí, tanto en disco como en concierto, se te pone de gallina con el olímpico U de Ramon Prats. ¡Ya lo quisieran para ellos The Bad Plus!

Carlos Pérez Cruz

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