Club de Jazz 16/07/2019
Clásicos del S.XXI (XVII)

Reseñas de discos

Albert Cirera & Tres Tambors - Suite Salada
Underpool - 2016
Año: 2016
Sello: Underpool
Músicos: Albert Cirera (saxo tenor, soprano, flauta y percusiones), Marco Mezquida (piano y percusiones), Marko Lohikari (contrabajo y percusiones), Oscar Domenech (batería y percusiones)

Albert Cirera & Tres Tambors - Suite Salada


Con la misma lentitud con la que se va desperezando, desfallece. Con la misma gozosa pereza con la que se desvanece, en el duermevela de la madrugada, nace. Es la hipnosis perfecta y circular hecha Suite Salada, un río de música que brota y nunca muere del todo, si acaso desemboca en el nacimiento después de un recorrido que, como corresponde a todo trayecto vital, se agita y se recoge, vive y reflexiona. Un viaje circular del que resulta muy difícil salir.

Es un regalo redondo el que se ha hecho y nos hace el saxofonista barcelonés Albert Cirera, que en 2012 puso por primera vez su nombre a un proyecto discográfico con estos Tres Tambors que tan bien le arropan, un trío que hace suya la música hasta el punto de llevarle a ser un oyente más durante muchos minutos de la sesión. La Música sobre el lucimiento personal, sobre el protagonismo porque sí. Sólo con la generosidad de quien antepone el global a lo particular se logran pequeñas grandes joyas como la de esta suite, el deseo cumplido de Cirera de poder grabar un disco de música sin parones, de hacer "un petit viatge".

Viaje que nos remite por referencias a esas suites jazzísticas que patentaron a partir de los 60 y 70 los Coltrane, Sanders, Garbarek, Lloyd y compañía, a cuyo orientalismo parece remitirse Cirera de inicio con el soplo de una flauta, acompañado por el ya característico percutir de las campanillas que Marco Mezquida cuelga de la tapa del piano. Una especie de A love supreme por la música del barcelonés con ecos de Jarrett en el tercer movimiento, exaltación de blues y gospel que tan bien sienta al lenguaje del pianista, precedida por el largo desarrollo de Tantra, a partir de un motivo repetido por el contrabajo que proporciona a la música los primeros indicios de direccionalidad y su sentido entre mundano y místico, entre cotidiano y extraordinario. Lo mismo un día en la vida que toda una vida, la suite abraza la montaña rusa de pasiones humanas, de la susurrante invocación al sol de S'auba al Jaleo cotidiano que precede la rendición ante el anochecer, Es fosquet.

La luz atlántica de Lisboa, donde se instaló hace unos años Cirera, ha estimulado la particular fotosíntesis del barcelonés, cuyo feliz desarrollo le lleva a vivir un momento creativo especialmente luminoso. Pletórico en sus condiciones, ha ensanchado los límites de su lenguaje en proyectos de improvisación como Duot, junto a su hermano Ramon Prats, de manera que después afronta otros de corte más jazzístico con una rotundidad tímbrica y una facilidad en el fraseo que, incluso cuando se decanta hacia un melodismo más pop, le otorga a la música la densidad de los clásicos de la literatura. Y ahí, entre la pasión por los nuevos lenguajes y el apego a los clásicos, se mueve Cirera con naturalidad, en un equilibrio casi zen, en un prolongado instante de felicidad expresiva que, al igual que la suite, es tan íntimo como visceral. Un viaje conmovedor. Relato de la épica diaria.

Carlos Pérez Cruz

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