Club de Jazz 12/10/2019
La gente que quiero

Reseñas de discos

Duot - Cactus
Repetidor - 2012
Año: 2012
Sello: Repetidor
Músicos: Albert Cirera (sx), Ramon Prats (bt)

Duot - Cactus

Que lo que Agustí Fernández y Peter Brötzmann han unido, no lo separe el desierto patrio. En una entrevista reciente en ‘El periódico de Catalunya’, confesaban los dos Duot el origen de su inclinación por la vertiente más libre y desbocada del jazz (llámese free, llámese libre improvisación; es una cuestión meramente de contexto histórico, geográfico y cultural). Cirera mentaba al maestro mallorquín (profesor suyo en el ESMUC) como responsable de su “enganche”. Prats, un concierto del volcánico germano. Es decir, un profesor que da alas (¡!) y un concierto que abre mentes. Como ni lo uno ni lo otro abundan por estos lares, demos gracias por la feliz circunstancia.

Albert Cirera y Ramon Prats se lanzaron en 2008 a la autoproducción de un disco. Vuelven al registro con Cactus, globos aerostáticos con espinas que vuelan dibujados en el interior de la caja del disco. Quizá porque el suyo es un vuelo libre tan árido para algunos como los terrenos en los que el imaginario sitúa estas plantas. Para otros, los menos (sospecho), entre los que me encuentro, la presunta aridez de su sonido es refrescante buena nueva porque la improvisación en su estado más libertario empiece a tener reflejo y actitud entre nuevas generaciones de nuestro jazz. Ya no sólo tendremos que manejar los tres o cuatro nombres “de toda la vida”, ahora podremos sumar dos o tres más.

Ironías aparte, Cactus es un trabajo excelente de permanente diálogo, de acción y reacción inmediata, de discursos simultáneos interrelacionados, a cargo de dos músicos cuya disciplina (han actuado cada jueves durante meses en el local Robadors 23, de Barcelona, y llevan años juntos) les ha premiado con una compleja comprensión mutua a partir de la siempre frágil (y aparente) nada. No hay prácticamente tregua en este combate boxístico entre ellos y el oyente, sometido a un exigente nivel de intensidad, no tanto por una cuestión de volumen como por la nerviosa actividad en el discurso. Ya sea en el desenfrenado saxo soprano de Cirera en Oratori bacterià como por el juego de citaciones rítmicas de Esbart pencaire, en el que en la propuesta de la batería de Prats uno podría llegar a imaginar algún tipo de estructura prefijada (hay un motivo, una especie de redoble, que se repite en varias ocasiones, casi como hito que dividiera vueltas de un solo convencional).

Ante el vicio de la intensidad, la virtud de la contención, que llega en Nocturn per a dos cactus, terreno para la exploración del vacío… y el estallido posterior, con Cirera y Prats exaltados en un ejercicio casi circular y paralelo, roto por algunos motivos melódicos y notas largas del saxofonista (aquí con el tenor). Los casi veinte minutos del final Nahafsi National Anthem dan para las exploraciones tímbricas de Cirera, la rítmica obsesiva y (de nuevo) circular propuesta por Prats (sobre la que Cirera trabaja un motivo igualmente obsesivo), el desvanecimiento como motor de reactivación o la fragmentación y retroalimentación melódicos. Casi una suite, dividida por el silencio de los platos de Ramon Prats antes de entrar en terreno sacro (con acierto Alfred Artigas bautiza este tema como Anthem, responsable de los títulos, no los propios músicos), donde – debe ser una ilusión auditiva – uno cree estar frente al espectro de Coltrane, quizá con Ayler como médium.

Carlos Pérez Cruz

Nota: publicado originalmente en la revista 'Cuadernos de Jazz'.

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