Club de Jazz 20/02/2020
En el punto inmóvil

Reseñas de discos

Marilyn Crispell / David Rothenberg - One dark night I left my silent house
ECM - 2011
Año: 2011
Sello: ECM
Músicos: Marilyn Crispell (piano, mesa de sonido y percusión), David Rothenberg (clarinete bajo y clarinete)

Crispell y Rothenberg

¿Cómo se forman los estereotipos? Si uno menciona el concepto 'libre improvisación' tiende (creo que esto no es exclusivo por mi parte) a asociarlo a una música de natural árida, disonante y tendente a cierto ruidismo. Y, sin embargo, ¿es esto necesariamente así? No, claro. Si uno empieza a hacer repaso a su memoria musical se encuentra con múltiples ejemplos que resultan acogedores, cálidos, consonantes... ¿Por qué entonces se perpetúan los estereotipos? (dejo abierta la pregunta para quien quiera apuntar respuestas). Es verdad que en One dark night I left my silent house hay disonancia (la transcripción melódica y armónica de la música lo demostraría); habrá quien incluso considere árida la exclusiva instrumentación de piano y clarinete (más pequeñas percusiones, en algunos casos) y perciba cierto punto ruidista (aunque sea el del pico del pájaro carpintero en Still life with Woodpeckers). La música del dúo Crispell / Rothenberg es improvisada de principio a fin (dice Rothenberg que la pianista no es muy amiga de ensayos, que prefiere la improvisación en un primer encuentro) y el regusto y digestión de su encuentro es sumamente agradable e íntimo; hace honor al título.

El título de este disco ECM (que lo es a todos los efectos) está tomado de una novela del austriaco Peter Handke (guionista en la referencial El cielo sobre Berlín, de Wim Wenders) que en España se tradujo como En una noche oscura salí de mi casa sosegada (asumo esa como la traducción, aunque prefiera 'silenciosa' en vez de 'sosegada'). Y ya que la noche era oscura y la casa sosegada (¡silenciosa!), la música de este dúo se interna en ese espacio de serenidad e intimidad en el que el discurso musical flirtea en ocasiones con los límites de la sonoridad del propio instrumento (el clarinete bajo de Rothenberg es en ocasiones - Companion: Silence - sólo aire) y juega con la capacidad de hipnosis de las reiteraciones melódicas y rítmicas (el halcón Rothenberg trata de someter al inquieto ratón Crispell a base de vuelos circulares en The hawk and the mouse). ¡Qué hermoso sonido el del clarinete bajo! No falla, siempre que lo escucho acude a mi memoria el de Eric Dolphy en las sesiones del Village Vanguard junto a John Coltrane (hay otros, por supuesto, como el de Louis Sclavis). Aunque también interpreta el clarinete, brilla Rothenberg con el bajo ya que su sonoridad brumosa envuelve y se deja envolver por la noche del piano de Marilyn Crispell. Eso sí, cuando amanece, el clarinete vuela y revolotea en What birds sing de forma tan graciosa que hasta el sonido de las clavijas del instrumento parece el aleteo de un pájaro. El canto aviar, especialidad de la casa.

Además de músico, el señor Rothenberg es filósofo y naturalista. Estudioso de cantos aviares o incluso de cetáceos tiene dedicados libros al estudio de su música y con ella ha realizado grabaciones como Whale music (Música de ballena) o Why birds sing (Por qué los pájaros cantan) que, contra lo que se pueda intuir (estereotipos), nada tienen que ver con esas infusiones musicales destinadas a desatascar almas urbanas en pena, sino que Rothenberg toca y su banda son pájaros y ballenas (el resultado, en ocasiones, de sorprendente naturalidad). Algo de ese vuelo libre se percibe en improvisaciones como Grosbeak (picogordo) con el clarinete o en la ya mencionada What birds sing, al igual que se intuye cierto grado de inmersión oceánica en las reverberaciones del bajo en la inicial Invocation.

Con los condicionantes de un instrumento monofónico como compañero, el piano de Marilyn Crispell es quizá el que más se amolda a la propuesta del otro. No es, por supuesto, un planteamiento de pianista acompañante de un solista pero, por su condición polifónica, sirve muchas veces marcos ambientales para Rothenberg. Un piano casi espectral que sólo en ocasiones se permite un discurso hilado en los tiempos lentos (Owl moon) y que en la mayoría de ellos sirve de arpa con las cuerdas (Tsering) o de color armónico (Stay, stray). Además, Crispell trabaja la pequeña percusión (dejando de lado incluso el piano) para emular el repiqueteo del pájaro carpintero o, con un tamboril, invocar en una especie de danza ritual (Still life with Woodpeckers). Una muestra de la amplitud de registros de esta pianista capaz de hilar los discursos percusivos, fragmentarios y torrenciales de la improvisación más radical y extrema (algo de ello hay en, por ejemplo, Motmot) o de jugar con el silencio, los espacios y la administración de recursos del jazz más atmosférico (Invocation), sin olvidar la exploración de diferentes tipos de digitación y percusión de las cuerdas del piano (The Way Of The Pure Sound).

Con la Evocation final (un espiritual en toda regla) se cierra un trabajo de matices y sutilezas; feliz improvisación libre de espíritu nocturno y energías renovadas en sus incursiones al alba.

Carlos Pérez Cruz

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