Club de Jazz 21/05/2019
Amirtha Kidambi

Reseñas de discos

Marco Colonna & Agustí Fernández - Desmadre
Fonterossa - 2013
Año: 2013
Sello: Fonterossa
Músicos: Marco Colonna (clarinetes), Agustí Fernández (piano)

Marco Colonna & Agustí Fernández

Una cosa es lo que sucede en superficie, aquello que cualquiera puede visualizar, otra lo que sucede bajo tierra, oculto para la mayoría. Aquello que resulta visible se ve afectado, siquiera parcialmente, por el hecho de serlo. No es lo mismo saberse mirado que no serlo, caminar de incógnito que hacerlo bajo la atenta mirada ajena. Lo queramos o no, nuestro comportamiento se ve determinado por su exposición ante los demás, y muchas veces su grado de exposición altera nuestra propia voluntad hasta hacernos ser quienes (creemos que) no somos, adaptándonos de esa forma a las expectativas de los demás (sean éstas producto de nuestra imaginación o verdaderamente conscientes).

Suele decirse de las artes que no se acogen a los códigos de mercado (¡¡!!) que son underground. Es decir, artes subterráneas. Paradojas (y degluciones) del mercado, lo underground pasó igualmente a ser marca explotable, con límites medianamente reconocibles en cada uno de los ámbitos artísticos. Por ejemplo, en música se estableció un patrón por el que todo aquel grupo con problemas de afinación (especialmente vocal) podía acogerse a esa categoría. Ahí alguien vio un filón y lo underground dejó de señalar necesariamente la expresión artística que no se acoge a modas ni patrones, y pasó incluso a contar con sus propios códigos de vestimenta, actitud y medios de producción (¡y de comunicación!). Lo subterráneo salió a la superficie y se mimetizó con ella.

No son ni Agustí Fernández ni Marco Colonna músicos que caminen por la superficie, tampoco por lo underground. Fernández y Colonna están más cerca del centro de la tierra que de tierra firme, y allí las cosas, de tan oscuras, pueden ser absolutamente luminosas. Como no se deben a nada ni a nadie más que a sí mismos, como no hay (casi) nadie que les vaya a prestar atención, como no tienen que cumplimentar más expectativas que las suyas propias, no modifican su expresión para amoldarla a la de un público equis. No dan conciertos para agradar forzosamente a nadie (tampoco para desagradar), no hacen discos por vender (sino para compartir), no tocan ante los demás lo que no tocarían ante ellos mismos. Colonna y Fernández hacen música en su estado más primitivo y puro, música como expresión íntima y en comunión con el momento, con ese aquí y ahora en el que defiende Agustí que tiene lugar la música.

A Agustí Fernández y Marco Colonna los separan casi tres décadas de experiencia vital y los une una experiencia de música asombrosa. Fue en casa del pianista, un día de septiembre de 2013, allí se grabó la hora y diez minutos de intercambio de mensajes cifrados por un gesto, un golpe de sonido, una reverberación… Los efectos tímbricos, las densas texturas que Agustí es capaz de extraer del piano como ninguno, parecen por momentos consecuencia natural del discurso de Colonna, y viceversa. El pianista como extensión natural del clarinetista, el clarinetista como extensión natural del pianista y, en ocasiones, como figuras en paralelo, voces que parecieran inconexas y, sin embargo, entablan así un discurso simultáneo que crea una estimulante tensión que después resolverán (o no), o que simplemente sirve de insólita red de seguridad (o de brasas en tierra para disuadir del aterrizaje) para el vuelo libre del otro. Por momentos llueve a mares sobre el piano de Agustí y Marco da saltitos evitando salpicarse por las gotas hasta que a ambos los arrastra una riada que desciende feroz hasta dar con mar abierto.

Íntima como pocas, nerviosa como ninguna, la música improvisada por Agustí Fernández y Marco Colonna regala momentos de una belleza casi insoportable, como cuando ascienden en busca de la cima sonora al cierre de ese momento que han bautizado como Moment primitives; también de felicidad alucinada como, cuando tras unos segundos de silencio, Agustí arrastra hacia el delirio al clarinetista mediante el vértigo circular en Attitude. Hay sonoridades que esconden genialidad, como cuando el italiano convierte el clarinete en instrumento polifónico para hacer realidad un Trio for two, y otras que envuelven, como la reverberación del clarinete bajo y sus giros sobre sí mismo en el final Knowledge of caos. Hay desarrollos que sorprenden, como el de Ius soli, cuando de la mano se dirigen hacia el crepúsculo tras la batalla con la querencia de Colonna por lo melódico –que asoma en varios momentos del disco; también por las notas largas- y la habilidad de Agustí para darle cobijo con apenas una nota, la armonía más acogedora del mundo. Y hay finales, como el del inicial Desmadre, que explican por sí mismos la perfección de esta música siempre imperfecta, en el que ni el más exigente director de orquesta hubiera logrado una sincronía tan singular entre el golpe final del pianista y la resonancia final del clarinetista. Vibran por simpatía.

Carlos Pérez Cruz

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