Club de Jazz 21/05/2019
Amirtha Kidambi

Reseñas de discos

John Abercrombie Quartet - 39 steps
ECM - 2013
Año: 2014
Sello: ECM
Músicos: John Abercrombie (guitarra), Marc Copland (piano), Drew Gress (contrabajo), Joey Baron (batería)

John Abercrombie Quartet - 39 steps

En una reciente entrevista con Jim McNeely, el pianista y director de orquesta venía a decir que la música de John Abercrombie tiene una mayor riqueza melódica y armónica de lo que aparenta. Sabe de qué habla, él ha sido el encargado de trasladar al lenguaje de big band algunos de los temas del guitarrista para un proyecto junto a la HR Big Band de Frankfurt que pude disfrutar en el reciente Festival de Jazz de Guimarães.

Con la novedad del baterista Joey Baron en sustitución de Billy Hart, este cuarteto liderado por John Abercrombie no deja de ser una continuación del que fundara el pianista Marc Copland y del que también forma parte Drew Gress. Con él que tiene publicadas un par de grabaciones desde 1996. Entonces, a nombre de Copland; ahora, de Abercrombie, que aporta aquí la mayoría de composiciones. Cuatro de ellas hacen referencias a títulos de películas de Hitchcock, como 39 escalones, disco para el que Manfred Eicher ha elegido como foto de portada un detalle de un terreno de juego futbolístico (Abercrombie no lo entiende. “Son cosas de Manfred”, me confesaba alguien que, de estar en su mano, hubiera elegido el béisbol).

Dice McNeely que en Abercrombie hay más de lo que parece. ¿Y qué es lo que parece en este disco? Traslademos la reflexión al terreno de juego, tal y como propone Eicher. Como el sello que lo edita es de Múnich, hablemos de Guardiola. El juego de los de Abercrombie apuesta por una sencillez melódica muy parecida al primer toque de los buenos tiempos blaugranas. En sus mejores sesiones, el Barça hilaba las acciones de conjunto al primer toque y resolvía individualmente con destellos de lucidez estética de jugadores como Messi. Lo más parecido al ballet que se ha visto sobre la hierba. Pero había días en que, por las razones que fueren, la sencillez del juego al primer toque, resultado de un laborioso proceso en entrenamientos (formación, ensayos…), seguía estando ahí pero carecía de la brillantez acostumbrada. El equipo tocaba el balón con la misma estética pero sin llegar a pisar terrenos más peligrosos que los de la portada de este disco: medio campo, apenas rozando el área contraria. ¿Cuál era el problema? Decían los que saben que al toque le faltaba velocidad en el movimiento del balón. Es decir, la ejecución estética era la misma pero la velocidad de esa ejecución no, por lo que el rival se prevenía ante movimientos otrora impredecibles, ahora mecánicos. El partido se convertía por lo tanto en un monólogo estético carente de emoción, apenas alterado por alguna genialidad individual.

Sí, la música de 39 steps es estupenda y, en efecto, hay mucho más de lo que parece. Pero no hay manera: a la estética no le acompaña la emoción que traslade la teoría al terreno de las emociones. Lejos del Vértigo de Hitchcock.

Carlos Pérez Cruz

Nota: publicada originalmente en 'Cuadernos de Jazz'.

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