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Wayne
Shorter,
Danilo Pérez, John
Patitucci y Brian
Blade resultan ser un plantel de músicos suficiente
como para animar a cualquiera a disfurtarlo en directo. Una
apuesta segura: riesgo cero. Pero quizás sea éste uno de los
factores que definen los conciertos de muchos de los dinosaurios
actuales del jazz, que no suelen sorprender (“riesgo cero”). El concierto comenzó bastante frío, y la sensación
de estar ante el ensayo de, eso sí, cuatro enormes músicos,
era en momentos demasiado evidente. Danilo era el que dirigía a
los demás músicos, con movimientos de cabeza a modo de batuta,
dando el relevo de forma ocasional a Shorter. Los primeros temas
los concluyeron de forma abrupta, y entre sonrisas, resultaba
hasta divertida la sensación del “¿ya está?”. Un
descanso, un respiro, y una versión muy rítmica de Footprints
sirvieron para alejar al cuartero armónicamente de Alegría
(Verve, 2003 ) (lo reconozco: prefiero al Wayne Shorter
que se codeaba con Coltrane). La segunda parte del concierto
resultó mucho más entretenida. La maquinaria pareció haber
calentado, y todo rodó mucho más fluido. No fue necesaria la
batuta de Danilo: el cuarteto estaba en su sitio. Patitucci
terminó haciendo del contrabajo el protagonista de la fiesta.
En líneas generales, el concierto resultó un poco flojo, quizás
por la falta de fuerzas de un Wayne Shorter apagado, y de un trío
de ases que por respeto a la figura de éste no quería ganar la
manga.
Por Sergio Masferrer |