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Si hiciéramos símil
baloncestístico podríamos asemejar a Scofield con una especie
de Michael Jordan de la guitarra. En las mejores noches del número
23 (en las que era inútil defenderle) anotaba una y otra vez de
todos los colores ante la perplejidad en rostro de sus rivales.
Incluso el propio Jordan mostraba con gestos ostensibles
incredulidad tras sus acciones, como si ni siquiera él mismo
supiera el cómo. Algo así le debe pasar a Scofield. Cada
intervención ante el micrófono terminaba con un cómico gesto
de "a mi no me preguntéis"; el mismo gesto que le
delataba después de algunos solos magistrales.
La nota oficial anunciaba que el repertorio del concierto giraría
sobre el material del último trabajo del guitarrista: "Up
all night". Sin embargo no sonó ninguna composición
de éste, algo lógico teniendo en cuenta que dicho disco cuenta
con una instrumentación mayor a la del trío de guitarra, bajo
y batería del concierto. En vez de ello, Scofield, Swallow y
Stewart mostraron parte del material para una próxima grabación
en directo en el Blue Note de Nueva York en diciembre de 2003.
La actuación fue generosa en temas y duración. Ocho temas (más
bis) y dos horas de concierto que se tornaron algo excesivas.
Quizá aprovecharon las bondades acústicas y estéticas de la
sala de cámara donostiarra para disfrutar sin prisas. Bien se
pudiera haber cuidado algo más la sonorización del bajo de
Swallow, algo falto de definición.
Ensayo de cara a la grabación de diciembre, el trío mostró
buen conocimiento general del repertorio (Swallow con apoyo
pautado). Una mayoría de composiciones de Scofield y un par de
standards que dieron una doble mirada sobre la ciudad por
antonomasia del jazz: New Orleans y Do you know
what means to miss New Orleans? como metáfora de la evolución
estética del jazz, incluso en la ciudad donde todo empezó. La
primera, de Scofield y contemporánea en sonido; la segunda, guiño
a Louis Armstrong (no cantó a pesar de la sugerencia de un
espectador), más clásica en esencia.
Scofield tiene un dominio técnico y creativo de la guitarra
brutal. Camina con pasmosa facilidad por todas las dificultades
armónicas que se proponga con un gran sentido rítmico y melódico
sin necesidad de artificios. El pedal de distorsiones apareció
en un par de temas como pincelada medida.
Stewart es un batería en plenitud. Lleno de recursos supo leer
el desarrollo de los solos a la perfección además de marcar
con extremada precisión los pulsos fuertes y cambios de tempo
de cada tema. Sus intervenciones solistas mostraron amplitud de
recursos con un sentido del swing que excede la ortodoxia. La única
pega fue la concentración de sus solos en los últimos temas
del concierto.
Swallow pasó algo inadvertido. Quizá por la ya mencionada
deficiente sonorización (al menos para mi gusto). Sus solos
dieron muestra de un concepto guitarrístico, pausado y melódico
de la improvisación.
Buena velada de jazz que fue seguida por un público entre el
que se encontraban muchos músicos profesionales (Iñaki
Salvador, Juantxo Zeberio, Gonzalo Tejada, Angel Unzu...) y
estudiantes de Musikene (Centro de Estudios Superiores de Música
del País Vasco).
Por Carlos
Pérez Cruz
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