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Viajar a Huesca se ha convertido en una costumbre muy saludable
para los sentidos. Desde hace años la labor de programación
cultural en esta pequeña ciudad aragonesa es para mí un ejemplo
de cómo se pueden hacer las cosas con criterio e integrando en
la dinámica de actividades propuestas originales, atractivas,
diferentes... ¿Presentaba candidatura Huesca a
capitalidad cultural europea 2016? No le hace falta, ya lo es.
El programa del variopinto Festival Periferias en su undécima
edición incluyó la tarde de su penúltima jornada un triplete
suculento bajo el epígrafe de Nuevo! Nouveau! Neu! del que pude
disfrutar dos de sus tres platos. El primero - el siempre
difícil ejercicio de romper el hielo con el público - le
correspondió al proyecto Expanded Cinema Trio formado por la
saxofonista de origen libanés Christine Sehnaoui, el guitarrista
francés Ryan Kernoa y el encargado de las proyecciones, el
italiano Stefano Canapa. Una
sesión de cine y música lejos del convencional acompañamiento de
las imágenes con música en directo. Técnicamente sí es esa la
propuesta pero no son convencionales ni las imágenes proyectadas
ni la música que las acompaña.
Sehnaoui y Kernoa salieron a la oscuridad del escenario. Su
primera emisión sonora fue un largo acople de la guitarra y
efectos sordos y agudos de la saxofonista. Canapa inició su juego
de proyecciones con efectos de aparentes estallidos pirotécnicos
que acompañaba de vez en cuando Sehnaoui con aspiraciones de la
caña del saxo. Pero no siempre. No todos los estallidos
artificiales se respondían con el efecto. La correspondencia
directa entre imagen y recreación sonora quedaba rota con esta
decisión musical. ¿Cuál es entonces la relación entre imagen y
sonido de esta propuesta? La duda es legítima si uno sospecha
que en lo que pueda pasar hay mucho de aleatorio y azaroso.
Dicho de otra manera, si deja de haber una acción-reacción
directa entre lo que el espectador ve y escucha surge la
sospecha de que cualquier otra música, cualquier otro sonoridad,
hubiera sido igualmente válida.
El saxo jamás emite melodía alguna, el saxo de Senahoui es
generador de efectos y atmósferas, experimenta con los límites
de la ortodoxia para la que fue creado el instrumento. La
guitarra de Kernoa juega con ella un papel menos heterodoxo y se
limita a rítmicas reiteradas y a la creación, igualmente, de
atmósferas. La conjunción de ambos instrumentos genera masas de
sonido mantenidas durante largas secuencias musicales (y
visuales). Pero mientras se proyectan unas imágenes de tono
sepia de una mujer con un niño en la playa, líneas
horizontales que ascienden por la pantalla o Canapa juega con
luces mediante un pequeño vaso de cristal, uno vuelve a
preguntarse por la relación directa entre lo que ve y lo que
escucha. Y llega a la conclusión de que como experiencia
sensorial y visual puede llegar a ser placentera, inquietante,
molesta... pero limitada. Por eso se agradece la ajustada
duración de unos cuarenta minutos.

Christine Sehnaoui durante la actuación.
©
Jesús Moreno
Entre las particularidades del Festival
Periferias está la de ofrecer un homenaje a un solista o grupo
desde una perspectiva, cuando menos, original. Así, si en otras
ocasiones se pudo escuchar la música de Fela Kuti interpretada
por la Banda Municipal de Huesca o la de Sun Ra recreada por las
Gaiters de Tierra Plana, en esta ocasión, y
aprovechando el denominador común temático de lo Nuevo
de esta edición, el grupo recordado fue el alemán Neu!.
Homenaje encargado a los madrileños Dead Capo complementados
por Manolo Campos del grupo Rosvita.
Reconozco mi casi absoluto desconocimiento de la música de los
alemanes así que mi percepción de lo ofrecido sobre el escenario
no tiene su fundamento por completo en la comparativa o en la inspiración del
original. Los he escuchado muy por encima y más allá de la idea
de una música minimalista, reiterativa y fundamentada en el Rock
más experimental y psicodélico no tengo criterio al respecto. Pero sí lo tengo
para descubrir en el grupo madrileño una magnífica y camaleónica
adaptación a las circunstancias que me alegró especialmente.
Siendo este un grupo que consideré en su día una esperanza para
el Jazz patrio y habiendo comprobado, no sin desolación, que su
actividad ha quedado casi circunscrita en exclusiva al circuito
local madrileño fue un chute esperanzador constatar cómo Dead
Capo ha armado en un periodo muy corto de tiempo un concierto
ajeno a su repertorio habitual y lo ha hecho con una
contundencia y una firmeza que ocultó cualquier posible
desajuste que pudieran haber tenido durante la actuación (sólo
las miradas entre ellos delataban alguna posible pérdida en el
bosque).
Dead Capo se reforzó para la ocasión con la guitarra y
sintetizador de Manolo
Campos de Rosvita. Su presencia complementó con discreción el
trabajo de los cuatro 'Capos' en el que el peso de dirección lo
llevó el guitarrista Javier Adán. Adán tiene una facilidad
pasmosa para dirigir el rumbo de la música y, además de ello,
ejemplifica con su sonido una virtud del grupo: su amplio y
excelente bagaje como oyentes. Se percibe en el repertorio
habitual de Dead Capo que su afición por la música no se limita
a un género en concreto y eso enriquece de forma evidente su
sonido. Quizá por ello el reto tan complejo de acercar la música
de Neu! a su territorio resultó tan natural y lograron
dar vida a unos temas en su origen reiterativos y, en algunos
casos, de puro ruidismo. Así la actuación tuvo la acentuación y
contundencia rítmica del Rock (la batería de Javier Gallego puso
mucho empeño en ello) pero también la improvisación del Jazz,
más evidente en el lenguaje del saxo de Marcos Monge que, por
otro lado, era el músico que menos podía moldear su sonido a un
idioma tan ajeno a su instrumento. El referente de los Naked
City de John Zorn - grupo que absorbía Rock, Jazz, Punk o algo
de Country (entre otras sonoridades) - puede servir para
entender la forma en la que Dead Capo recicló el repertorio de
Neu!. Con los temas enlazados por las ambientaciones de
Adán y Campos el estallido venía de los cambios rítmicos de la
batería de Gallego y el sustento rítmico/armónico del contrabajo
de Díez-Ena (que también usó arco en la creación de ambientes)
que daban pie a recreaciones del repertorio de los alemanes en
las que saxo y guitarra se turnaban o simultaneaban la lectura
de los pocos motivos melódicos de su música. Versiones que
in crescendo sonoro alcanzaban puntos culminantes
mediante la insistencia rítmica sobre la que serpenteaba Marcos
Monge o fraseaba la guitarra de Javier Adán que, si bien se
concentra especialmente en la cohesión de la música, cuando se
expresa como solista es un improvisador con un notable sentido
melódico.
Siendo Dead Capo un grupo tan exigente consigo mismo - hasta el
punto de que desde su debut discográfico en 2002 no ha vuelto a
publicar - debería tomar nota de esta prueba de encargo superada
con gran calidad para no demorar mucho más nuevas entregas. Si
en semanas hicieron de la de Neu! su música, ¿qué no
harán con la suya ocho años después?
Carlos Pérez Cruz
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