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Una universidad puede
ser a priori lugar adecuado para conciertos jazzísticos. Un
entorno de veinteañeros resulta muy atractivo como lugar de
enganche de nuevas juventudes aficionadas. Pero lo que a priori
es pastel apetitoso se torna en postre caducado cuando el local
encuentra como lugar de asiento sillas de difícil acomodo muy
bien calzadas, por cierto, para el máximo aprovechamiento del
espacio. Son muchas bocas que alimentar.
Pero no hay lugar para el desaliento. Si el ambiente está
frío, ¿para qué están los microhondas de la sala sino para
calentarlo?
Por fortuna el calor por ondas no fue preciso en esta ocasión.
El reclamo del "Jazz es primavera" resultó suficiente
aliciente para congregar unas 200 personas que sintieron cómo
la primavera el jazz altera (comienza a desperezarse del letargo
invernal). Y así debió sentirlo el señor Donald Edwards,
batería para más señas, que alteró los pabellones
auriculares de un servidor y, por extensión, de la grabadora
clandestina para la ocasión con un recital de poder percusivo.
Recursos muchos; sutileza poca.
El concierto era cuarto o quinto de gira Okegwo por tierras del
norte peninsular. Pero, a pesar del rodaje previo, sonaba
a "jam" improvisada. Eso sí, de lujo.
Los papeles (partituras en lenguaje de propiedad) se antojaban
asidero imprescindible incluso para el autor de la escritura,
Ugonna Okegwo, que aprovechó los aplausos de fin de solo para
recoger del suelo el "chuletón". Su ausencia obligaba
a gestos de esfuerzo memorístico. Sólo el recurso al standard
permitía el alzamiento de la mirada.
Autoría del titular del cuarteto en la mayoría de temas, a
excepción de uno obra del saxo Newsome, y los ajenos de
Thelonius Monk ("We see"), el bebopero
"Cherokee" o un tema del mítico Jaco Pastorius. Y una
constante en todos y cada uno de los temas: "crescendo
hacia el clímax". Desarrollos similares para ritmos que
pasearon escasamente por el "swing", adquirieron aires
"bluesy" y espiritual en Pastorius, flirtearon en algún
momento con Coltrane y terminaron "funky" en un bis
finalizado con la mejor de las virtudes del jazz (o una de
ellas): la improvisación.
Aires de ese llamado "jazz contemporáneo", neobop
para algunos, o música buena o mala para Ellington.
Cuatro nombres con excelso currículo. Nombre de origen
londinense el de Ukegwo (madre germana, padre...) con una
actitud de verdadero placer musical sobre el escenario. Nada
egoista en el reparto solístico mostró buen gusto y precisa
digitación en su turno.
Turnos, los de Newsome, que nos dejaron la duda de su
fraseo bebop. Poca frase con desarrollo, mucho cliché de
repetición climática.
En su clima se debía encontrar el batería Edwards que apoyó
su quehacer en una acústica favorecedora para los
protagonismos percusivos. Obviando el flaco favor al sonido de
grupo, mostró recursos de muy buen gusto que ganarían con
sutileza.
Sutileza la del piano de Davis que evitó frases torrenciales
para mostrarnos su lírica con un exquisito uso de las armonías.
Por Carlos Pérez Cruz |