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El exilio, temática
central de la tercera edición de "Periferias", reunió
durante una semana en Huesca algunas de las sensibilidades artísticas
más creativas. Sensibilidades que por creativas son diversas en
su lenguaje. Algo digno de elogio para un festival que
desarrolla una propuesta de "riesgo seguro" en una
ciudad de aproximadamente 40000 habitantes.
La segunda jornada de ciclo nos citó con la creatividad sin límites
ni prejuicios de Ramón López, acompañado de cuatro Músicos,
con la Guerra Civil Española como excusa de sentimientos
sonoros. Sentimientos expresados a través del lenguaje de una
libre improvisación escrita a base de miradas e
interpretaciones del sentir.
La fotografía escénica pre-concierto situaba nuestra mirada en
el lado izquierdo. Era el lado que ocuparía después el
trombonista (¿acaso una pobre definición?) Thierry Madiot.
Trombón bajo que en ortodoxia requiere de boquilla metálica
para su correcto "uso" pero que en mente de Madiot no
requiere sino de imaginación sin límites. Una mesa junto a la
silla del músico mostraba todo tipo de artilugios que en el
transcurrir del diálogo musical pasarían a formar parte del
esqueleto del instrumento. Vasos de plástico, molinillos de
viento o pequeñas gomas en forma de tubo, escogidos con
aparente azar, procuraban atmósferas de descripción exacta
para una temática como la guerra. Su presencia escénica todo
un lujo para fotógrafos. Su sonido un placer para los oídos.
Junto a Thierry encontramos la novedad de la noche. Novedad con
respecto a la formación habitual de este proyecto de Ramón López.
El veterano saxofonista británico Elton Dean salvó la difícil
papeleta de la sustitución de Daunik Lazro con la eficacia que
se le presupone. Saxo alto y soprano (en sonido que no en
apariencia visual) que se mantuvo en discreto pero a su vez
participativo segundo plano. Mostró también buena lectura en
un duo junto a Madiot. Su sola presencia un lujo.
En el centro escénico un creador de peculiares resonancias
vocales. El incansable Beñat Achiary. Si su presencia en el
trabajo discográfico se limita a puntuales colaboraciones en
Huesca mantuvo perpetua su presencia. Lector de textos del
periodo bélico su voz expresa en improvisación sentimientos
humanos sin necesidad de letra. Una excepcional falta de
prejuicios que permiten a Beñat expresar lo que la vergüenza
silencia.
Dos nombres nos quedan. Dos nombres que bien pudieran enunciarse
de manera conjunta a tenor del excepcional diálogo musical que
mantuvieron sobre "La Santa Espina" como final oficial
de concierto (luego vendría el reclamado bis). Paul Rogers y
Ramón López, o lo que es lo mismo, contrabajo y batería.
Contrabajo el de Paul de seis cuerdas que incluía a su vez
otras cuerdas por debajo de estas seis. Sin embargo poca falta
le hacen a Paul añadidos. Su dominio técnico del contrabajo y
su genial criterio improvisador nos hacen suponer mismo
resultado con un contrabajo ortodoxo. Su instrumento, segundo
plano de popularidad, alcanzó categoría de retrato para
oyentes de atenta escucha.
Y una vez más tenemos que hablar de Ramón López. Una vez más
porque su ingenio así nos obliga. Era mi segunda vez con un
directo de Ramón López. La primera fue con su estupendo
concierto de batería sola. En esta ocasión protagonismo
compartido. Compartido a través de una perfecta comprensión rítmica
del discurso armónico de sus compañeros de "brigada
internacional". Su pasión con baquetas transmite un
interior de disfrute intenso y energía incontenible. Los
sentimientos humanos que Beñat expresaba en voz Ramón los
siente en ritmo. Ritmo que se convierte en ocasiones en un
golpeo dolorido que a pesar de todo encuentra siempre un
resquicio para la sonrisa.
Por Carlos
Pérez Cruz |