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La prensa local
anunciaba en sus páginas de actividades culturales un concierto
de batería sola. Un tal Ramón López, al parecer de origen
francés según titulares, venía a Barañáin para ofrecer un
concierto con una simple batería. La cosa llevaba a reflexión.
Para unos, expertos en la percusión, algo así sólo podía
entenderse desde el punto de vista del "coñazo".
Otros podían incluso pensar que el "tío" tenía la
jeta de estudiar batería con público y además cobrando. En fín,
la cuestión es que la prensa no ofrecía mucha más información
que la simple nota de anuncio (eso sí, con foto). Indagar quién
era este tal Ramón López habría supuesto quitar páginas a la
información de vaquillas de los pueblos en fiestas (interés
general).
Pero imaginemos que eso hubiera sucedido. Que la prensa hubiese
hablado del tal Ramón. Si eso hubiera sucedido a lo mejor el
lector hubiese tenido conversación para la cerveza del bar.
"Oye, que hoy toca en Barañáin un batería que resulta
que es de Alicante pero hace 18 años se fue a París a buscarse
la vida. Y encima el tío es autodidacta. Y nada, que termina
siendo profesor de ¡música india! en un conservatorio que
dicen que es la os… en Francia y además graba un disco de sólo
batería, y música de la guerra civil española y no se que más
gaitas… vamos… un pirao".
El susodicho concierto estaba enmarcado en un ciclo de cuatro
noches musicales en el agosto de esta localidad navarra. Un
ciclo de alternancias estéticas que había comenzado con el
jazz de tres jóvenes navarros, continuaba con músicas electrónicas,
seguía con el tal Ramón y cerraría la semana siguiente con un
grupo de Quebec (Canadá) de músicas tradicionales. El
"local" un rincón de un amplio parque en el que la
orografía provoca un pequeño anfiteatro de hierba. El telón
de fondo deseable las estrellas. La realidad un telón
relampagueante de amenazante tormenta que quedó en simple
amenaza.
La primera curiosidad de la noche era conocer la respuesta de público
ante semejante propuesta. La amenaza de lluvia, el viento y la
oferta televisiva (opio futbolístico) no invitaban al
optimismo. Pero la curiosidad que un concierto de estas características
despierta, por infrecuente, en estos lares fue reclamo
suficiente para completar el aforo de sillas al que se sumó
también "público de hierba". Público heterogéneo.
Desde chavales estudiantes de batería, pandillas de
adolescentes que hacían honor a su "edad del pavo" y
familias enteras. Y sí, efectivamente, sobre el escenario una
única batería. La "esperanza" de sonidos pregrabados
que al menos restaran monotonía percusiva desaparecía.
Se hizo la noche (eléctrica, la naturaleza hacía un tiempo que
había ocultado al sol) y solamente permaneció iluminada la
batería. Tras una breve presentación (se agradece abstención
de micrófono político) apareció el tal Ramón. Y entonces,
sucedió…
Sucedió que la inspiración del "francés" imaginó
una historia contada a ritmo de baquetas. Un cuento escrito
desde la inspiración del momento. Una inspiración que mostró
la amplitud de posibilidades sonoras de un instrumento de
aparente limitación. Sonoridades que no buscaban la concesión
del aplauso fácil a través de fuertes pegadas sino que sugerían
a través de diversos colores. Colores que eran pincelada
abstracta en momentos de menor concreción rítmica. En otros
eran imaginación ilimitada de improvisación sobre ritmos de
base. Todo ello condimentado con cambios de baqueta y pequeños
instrumentos de percusión (cualquier objeto es susceptible de
ser percutido) que surgían no como recurso de limitación
creativa sino como sonidos integrados en el desarrollo de este
particular cuento sonoro con final feliz. El final con aplausos
de admiración de diferente dimensión. Desde quien
"alucinaba" ante la valentía de quien improvisaba
solo durante una hora ante público hasta quien descubría que
la batería puede proporcionar sonidos de lo más diverso
pasando por quien realmente había conseguido entender desde la
emoción un cuento nacido de la creatividad de esa noche. En
todo caso a nadie dejó indiferente. Un bis de toque humorístico
con los platos como protagonistas puso el punto y final a una
noche que mucho nos tememos quede en oasis entre las
programaciones de "riesgo" a las que estamos
acostumbrados por aquí.
Por Carlos Pérez Cruz |