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Ramón López
(Ciclo "Noches Musicales")

Ficha del Concierto
Fecha: 21 Agosto 2002
Lugar: Anfiteatro Natural del Lago (Barañáin - Navarra)
Asistencia: 150 espectadores aprox.
Hora: 22:00

Componentes:
Ramón López (batería)

La prensa local anunciaba en sus páginas de actividades culturales un concierto de batería sola. Un tal Ramón López, al parecer de origen francés según titulares, venía a Barañáin para ofrecer un concierto con una simple batería. La cosa llevaba a reflexión. Para unos, expertos en la percusión, algo así sólo podía entenderse desde el punto de vista del "coñazo". Otros podían incluso pensar que el "tío" tenía la jeta de estudiar batería con público y además cobrando. En fín, la cuestión es que la prensa no ofrecía mucha más información que la simple nota de anuncio (eso sí, con foto). Indagar quién era este tal Ramón López habría supuesto quitar páginas a la información de vaquillas de los pueblos en fiestas (interés general).

Pero imaginemos que eso hubiera sucedido. Que la prensa hubiese hablado del tal Ramón. Si eso hubiera sucedido a lo mejor el lector hubiese tenido conversación para la cerveza del bar. "Oye, que hoy toca en Barañáin un batería que resulta que es de Alicante pero hace 18 años se fue a París a buscarse la vida. Y encima el tío es autodidacta. Y nada, que termina siendo profesor de ¡música india! en un conservatorio que dicen que es la os… en Francia y además graba un disco de sólo batería, y música de la guerra civil española y no se que más gaitas… vamos… un pirao".

El susodicho concierto estaba enmarcado en un ciclo de cuatro noches musicales en el agosto de esta localidad navarra. Un ciclo de alternancias estéticas que había comenzado con el jazz de tres jóvenes navarros, continuaba con músicas electrónicas, seguía con el tal Ramón y cerraría la semana siguiente con un grupo de Quebec (Canadá) de músicas tradicionales. El "local" un rincón de un amplio parque en el que la orografía provoca un pequeño anfiteatro de hierba. El telón de fondo deseable las estrellas. La realidad un telón relampagueante de amenazante tormenta que quedó en simple amenaza.

La primera curiosidad de la noche era conocer la respuesta de público ante semejante propuesta. La amenaza de lluvia, el viento y la oferta televisiva (opio futbolístico) no invitaban al optimismo. Pero la curiosidad que un concierto de estas características despierta, por infrecuente, en estos lares fue reclamo suficiente para completar el aforo de sillas al que se sumó también "público de hierba". Público heterogéneo. Desde chavales estudiantes de batería, pandillas de adolescentes que hacían honor a su "edad del pavo" y familias enteras. Y sí, efectivamente, sobre el escenario una única batería. La "esperanza" de sonidos pregrabados que al menos restaran monotonía percusiva desaparecía.

Se hizo la noche (eléctrica, la naturaleza hacía un tiempo que había ocultado al sol) y solamente permaneció iluminada la batería. Tras una breve presentación (se agradece abstención de micrófono político) apareció el tal Ramón. Y entonces, sucedió…

Sucedió que la inspiración del "francés" imaginó una historia contada a ritmo de baquetas. Un cuento escrito desde la inspiración del momento. Una inspiración que mostró la amplitud de posibilidades sonoras de un instrumento de aparente limitación. Sonoridades que no buscaban la concesión del aplauso fácil a través de fuertes pegadas sino que sugerían a través de diversos colores. Colores que eran pincelada abstracta en momentos de menor concreción rítmica. En otros eran imaginación ilimitada de improvisación sobre ritmos de base. Todo ello condimentado con cambios de baqueta y pequeños instrumentos de percusión (cualquier objeto es susceptible de ser percutido) que surgían no como recurso de limitación creativa sino como sonidos integrados en el desarrollo de este particular cuento sonoro con final feliz. El final con aplausos de admiración de diferente dimensión. Desde quien "alucinaba" ante la valentía de quien improvisaba solo durante una hora ante público hasta quien descubría que la batería puede proporcionar sonidos de lo más diverso pasando por quien realmente había conseguido entender desde la emoción un cuento nacido de la creatividad de esa noche. En todo caso a nadie dejó indiferente. Un bis de toque humorístico con los platos como protagonistas puso el punto y final a una noche que mucho nos tememos quede en oasis entre las programaciones de "riesgo" a las que estamos acostumbrados por aquí.


Por Carlos Pérez Cruz