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El 32 festival de jazz
de Vitoria Gasteiz ha tenido lugar entre los días 13 y 19 de
julio de este año 2008. Otro año más se ha podido disfrutar
principalmente de esta música en el Teatro Principal y el
Polideportivo de Mendizorrotza, además del ya tradicional
picnic de Nueva Orleans que abre el festival en las Campas de
Armentia, la terraza de jazz, los clubes de medianoche o el ya
noveno seminario de jazz con la Juilliard School. A estos
espacios ya comunes se ha unido otro, un concesionario Audi para
más señas (Jazz en movimiento lo llaman) en el que tuvo lugar
la actuación de Benny Green. También han tenido lugar
dos esposiciones relacionadas con la música: una de fotografía,
Josu Izarra “Colores del jazz”; y otra de pintura, Ricardo
López Limón “Espiando al sonido”.
En el Teatro Principal pude asistir de lunes a sábado a las
actuaciones de artistas consagrados interrnacionalmente como Charles
Lloyd, otros extra-nacionalmente como es el caso de Ramón
López junto a Agustí Fernández y Barry Guy
y otros en vías de consagración como
Jef Neve o Yaron Herman.
Es indudable la comodidad que uno siente al presenciar un
concierto en un teatro como el de Vitoria donde el público se
distingue por su educación, donde el sonido es capaz de
envolver al espectador sin ningún problema y la cercanía con
los músicos es impagable. Por esto se podría deducir que
valoro por encima de todo tanto la programación que la
organización preparó para este recinto como la posibilidad de
disfrutar realmente de música en este espacio.
El polideportivo se convertía una vez más en el Olimpo de los
grandes dioses atemporales (anacronismos aparte) donde los más
melómanos disfrutaron con Wayne Shorter, Herbie
Hancock, los Valdés, Cassandra Wilson o Sonny
Rollins.
Durante toda la semana el polideportivo estuvo repleto de
aficionados y algún que otro curioso que se acercaba a ver más
de cerca a estrellas que ya forman parte de la historia de la música
por méritos propios y ajenos.
No todo el que se acerca a Mendizorrotza lo hace para escuchar.
Como en todo festival no dejan de convertirse estas reuniones en
actos sociales donde ver y ser visto, saludar y compartir
inquietudes, musicales o no, culturales, gastronómicas o
familiares.
En el Teatro Principal asistí a momentos musicales
apasionantes, conmovedores y deslumbrantes. El martes Charles
Lloyd demostró que la juventud es simplemente un estado
mental. Acompañado por Jason Moran, Reuben Rogers y Eric
Harland en el escenario tuvo lugar una auténtica explosión
de música. El veterano tocó y dejó tocar. En momentos se
retiraba a un lado del escenario vigilante de lo que los jóvenes
eran capaces de hacer con sus instrumentos. El cuarteto se
convertía en un trío de alto nivel, él bailaba y se paseaba
por el escenario como un maestro sabio orgulloso de sus pupilos.
Aún disfruto de Booker’s garden. La noche comenzaba de
manera excelente y en el polideportivo me esperaban Wayne
Shorter y Herbie Hancock.
No sé qué me pudo pasar en el concierto de Wayne Shorter.
No logró captar mi atención, ni él ni sus compañeros. Me
pareció que él se limitó a subirse al escenario y creo que
tocó más bien poco. El público estaba enloquecido, todos
maravillados con su actuación.
Herbie Hancock apareció en escena junto a Dave
Holland y Chris Potter. Habló, y mucho. Hizo reír
al público. Algo que suele distinguir a los músicos de jazz,
según mi parecer, es la parquedad en palabras que demuestran
durante sus conciertos. Hancock es un caso aparte. Le
dedicó gran parte de su concierto al piano clásico, no abusó
de esos teclados y demás parafernalia electrónica de la que
tanto gusta desde hace ya tiempo. Eso podría agradecérselo.
Pero es que el Hancock que me gustaba ya no se sube a los
escenarios.
Dave Holland se marcó un solo como pocos pueden hacer
tocando un instrumento no tan generoso como otros. Chris
Potter volvió a llamar poderosamente mi atención después
de su actuación del año pasado. El directo no está exento de
sorpresas y por eso en plena “ejecución” de Cantaloupe
island Chris Potter le hizo frente a un rebelde micrófono.
Al constatar que este se desprendía una y otra vez del extremo
de su saxo tuvo la feliz idea de introducirlo dentro. Todo esto
en pleno solo que, lástima, de haber sonado correctamente habría
levantado mis entibiadas posaderas de la butaca.
Hancock tocó varios temas de su último disco, River,
para lo que invitó al escenario a dos féminas que salían del
paso en cada tema. Tuve la sensación de haber pagado por
asistir a la verbena de las fiestas veraniegas de cualquier
pueblo de nuestra querida España. Eché de menos a Paco, el
chocolatero. He aquí uno de esos anacronismos a los que me
refería.
El miércoles en el polideportivo era la hora de devolverle un
poco de todo lo que ha dado un gran maestro como es Bebo Valdés
y que tanto ha significado para el jazz latino. Nadie se quedó
sentado para recibirle y aún fue capaz de levantarnos de
nuestras sillas varias veces durante la noche. Una noche mágica
y llena de emoción. Las raíces son las raíces.
El jueves era para mí uno de los días clave del festival.
Albergaba dudas acerca de este joven pianista belga pero pude
constatar que Jef Neve es muy capaz. Quien haya escuchado
su anterior disco (Nobady is ilegal) podría pensar que
se trata de un pianista sin sustancia, anodino, compositor de
temas facilones… En el Teatro Principal demostró que posee un
gran dominio del instrumento. Saca partido a cada tecla del
piano llena de color sus interpretaciones, se mueve
perfectamente entre el clásico y el jazz, y por supuesto es
capaz de introducir aspectos del pop o del rock. Sigue
demostrando que Brad Mehldau fue uno de sus maestros
pero en directo encontré menos paralelismos con E.S.T.
Disfruté mucho de su concierto. Salí pletórico. Jef Neve
también es un gran hombre, muy simpático, agradable y atento.
Presentó la mayor parte de sus temas demostrando en parte que
aunque ya posee cierto éxito en esto es una persona tímida.
Por la noche Maria Schneider no fue capaz de imprimir a
sus temas la fuerza que demuestra en su último disco. Aún así
tuvo una actuación bastante interesante.
Antes de continuar quiero contaros un pequeño secreto, a modo
de confesión. Tuve que escaparme de varios conciertos de esta
edición. Lo siento, de verdad, es inconcebible. Dejé a medias
a Hancock, no aguanté a José James, Cassandra
Wilson no me cautivó y tampoco le di muchas oportunidades y
me salté la noche brasileira. Algún día haré penitencia.
Yaron Herman. Otro de los pianistas que actuaban en trío
al que tenía mucho interés en ver en directo. Es la única
actuación del teatro que será retransmitida por la 2 de TVE.
El israelí estuvo comedido la mayor parte del concierto. No
estuvo mucho tiempo en el escenario pero en sus últimos temas
demostró mayor virtuosismo, más energía y saber hacer. Su trío
es mejor que el de Jef Neve, al menos a mí me gustó más.
Jef Neve se lleva toda la gloria, sus compañeros están
más bien de adorno. Yaron Herman también imprime su
personalidad al grupo.
Sonny Rollins tampoco defraudó. Llenó de energía el
polideportivo en una noche mágica, tal vez demasiado larga
debido a lo extenso de los solos de sus compañeros.
Por último y poniendo la guinda a la semana asistí al
concierto de Agustí Fernández, Ramón López y Barry Guy.
Estos tres hombres dieron una lección magistral de lo que debe
ser un trío de jazz. El más perjudicado en el intento fue Agustí
que permitió lucirse a dos grandes de sus instrumentos. Dos
genios.
Barry Guy me sorprendió muchísimo. Versatilidad,
creatividad y virtuosismo. Ofrecieron un repertorio de gran
nivel que de ninguna manera se había dado durante la semana.
Parecían tres extraterrestres en tierras festivaleras.
No estaba previsto y los tres salieron a firmar discos y a lo
que se presentara. Genios y caballeros. Lástima de mi garganta
propensa al nudo marinero.
Y
eso fue todo. Los gozos y sinsabores de un acontecimiento que
tiene lugar cada año en una ciudad magnífica. Un festival que
trata de contentar a todo el mundo y que tal vez esa sea la razón
de su éxito.
Dan Menéndez
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