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THE BAD PLUS
Con el "21" uno tiene la sensación de cierto
abandono. Como si se diera por sentado que lo que allí se
ofrece es más para cumplir la cuota de minoritarios que
realmente para fomentar el acercamiento a propuestas creativas
(que se le suponen a un ciclo de estas características). Cierto
es que el horario de 18:30 horas no es el más adecuado (por
costumbre) para las tardes de verano pero desde la organización
y desde los medios se percibe un cierto olvido de lo que en el
Principal pasa. Ya que allí no parece importar el público…
¿por qué no profundizar más en la innovación y riesgo de los
proyectos?
The Bad Plus viene a ser definido por su multinacional discográfica
como "el trío más ruidoso del mundo". Dicho así
pareciera que su música tuviese como objetivo reventar el
pabellón auricular del oyente. Y lo único que reventó fueron
las ansias creativas del trío. Con un repertorio perfectamente
estructurado pero abierto a la novedad que se le supone a cada
directo jazzístico.
Trío de constante interacción. Capaz de extremas intensidades
y de sutiles pianos. Un conglomerado que absorbe desde la pegada
del rock hasta cierto sinfonismo clásico. Que construye y
"deconstruye" con una facilidad pasmosa. Sus versiones
(por ejemplo el "every breath tou take" de Police) son
excusa para un desarrollo absolutamente personal e
intransferible.
Visualmente es llamativo el arsenal sonoro de David King. No sólo
la batería sino mil y un juguetes (mal rollo tendrá con su
hija) y demás artilugios percutibles forman parte de su forma
de expresión. Su uso no es aleatorio. No es "show"
visual que encubre mediocridades. Su uso, inteligente, se
encuadra dentro de un discurso lógico.
Son muy buenos instrumentistas pero sobre todo han conformado
una exquisita maquinaria perfectamente engrasada.
E.S.T. (Esbjörn Svensson Trío)
Por primera vez en lo que llevamos de festival (es decir, a
punto de terminar) el doblete nocturno de Mendizorrotza estuvo
compensado. Compensado en cuanto al nivel de unos músicos
extraordinarios con propuestas de entidad. Con la propuesta
consagrada del trío sueco E.S.T. y con el experimental
encuentro sobre el escenario del gran Pat Metheny con los no
menos grandes Perico Sambeat, Carles Benavent y compañía.
Mucho se temía servidora de ustedes la actuación de Svensson
en el polideportivo. Como siempre la masa de la noche es mucho más
ruidosa que la recogida minoría del Principal. Su música
requiere una muy especial atención. No es el local adecuado
aunque consiguieron captar y encandilar a un público que ayer sí
supo apreciar (al menos en una gran mayoría) la calidad de los
suecos.
El salto del Principal (allí actuaron hace dos años) al
polideportivo es metáfora del cada vez mayor reconocimiento a
un trío que, conforme pasan los años, cuenta con un sonido más
personal y consolidado.
Su música es por momentos atmosférica y capciosa. Te sumerge
en un mundo de sueños sonoros a través de hermosas armonías
que buscan la belleza sin concesiones. Su sonido se electrifica
en momentos puntuales sin llegar al exceso. El equilibrio es
casi perfecto (casi, ya que la perfección no existe).
Aun siendo un trío en conjunto, la figura de Svensson destaca
por unas grandes capacidades técnicas en unos dedos capaces de
recorrer a velocidad de vértigo el teclado. Tampoco hace ascos
a convertirse en mero rítmico jugando con las cuerdas del
piano.
Östrom es un batería de precisiones rítmicas extraordinarias.
De pegada sutil, aérea. Berglund convierte su contrabajo en
guitarra eléctrica con el uso del arco. Su sonido describió la
visión de la tierra desde el punto de vista de Yuri Gagarin.
Excepcional.
PAT METHENY
La segunda parte de la velada bien pudiera haber sido noche
completa. Quizá sobró la previa de Svensson en una noche que
bien se pudiera haber llamado "la noche Metheny". La
larga duración de la velada (batió el record de la hora cuando
las manecillas del reloj sobrepasaron las 2 de la madrugada) no
facilita la concentración del público, sometido a un intenso
calor.
Anoche tocaba jazz en estado puro. Y no por el sonido de la
propuesta (que lo fue también) sino por el concepto. Encuentro
casi improvisado de músicos en escena. Vamos, una jam
Cuatro formatos presentó Metheny. El primero de ellos, él y su
guitarra. La guitarra de cuerdas múltiples (con su tradicional
sonido de acercamiento al arpa) ofreció el grado justo de
sonido Metheny como para captar desde inicio la atención del
personal. Unos sonidos que quizá salen del concepto extricto de
jazz pero que conforman su muy personal lenguaje sonoro.
Lo mejor de la noche (obviando a los suecos E.S.T.) vino en el
segundo formato. Perico, Miralta y Higgins formaron un cuarteto
ensamblado con el de Missouri. Del más clásico "bebop"
al seminal "Question and answer" que derrochó lo
mejor de todos y cada uno. Con mención especial para el cada día
más grande Perico Sambeat al que lo mismo le da un roto que un
descosido. Simplemente genial. Uno de sus solos (sobre rítmica
frenética) fue de transcripción. Inicio de notas largas para
romper el "tempo" que caminó hasta llegar a la frenética
magistral de quien escoge las notas a conciencia. Simplemente
Perico.
La siguiente formación la conformaron Pardo, Benavent,
Goldstein, Di Geraldo y el propio Metheny. Más folklórica y lírica
alcanzó su climax con "Song for Bilbao". La sensación
fue de menor conjunción y mayor solismo que el cuarteto
anterior, sin dejar por ello de alcanzar el nivel que se les
presupone.
El broche final de la noche vino con la concesión a la folklórica
territorial. La trikitixa de Kepa Junkera volvió tras su
encuentro cuatro años atrás con un instrumento, en principio,
más cercano a la dinámica de la diatónica vasca como es el
banjo (que entonces pulsó Bela Fleck).
Con Kepa vino el fin de Metheny. El fin del Metheny líder. La música
que hasta ese momento tenía la firma del guitarrista pasó en
ese momento a llevar la firma de Kepa, que tiró de temas que ya
son clásicos reiterados de su carrera. Metheny pasó a formar
parte de la rítmica.
Fue un final lúdico. Con la txalaparta de Oreka TX (Igor Otxoa
y Harkaitz Martínez) como siempre precisa y melódica. Con la
suma final de todo el personal (menos Higgins y Goldstein) en la
enésima versión del "Bok Espok". Música de baile
llena de calidad.
Por Carlos
Pérez Cruz |