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Dave Holland Big Band & Mingus Big Band
(40º Festival Jazz Donostia - San Sebastián)

Ficha del Concierto
Fecha: 26 Julio 2005
Lugar: Plaza de la Trinidad
Asistencia: Más de 2000 espectadores
Hora: 21:00

Componentes:
Dave Holland Big Band (1ª Parte)

Mingus Big Band (2ª Parte)

Hubo un tiempo en que para mí la música era un descubrimiento constante; eran tiempos en que la deliciosa virginidad de quien se acerca a este arte sin mayor prejuicio que el desconocimiento me convertía en director de aplausos de la masa. Podía salir tan o más sudado que el propio músico tras el esfuerzo escénico. Sabía que eso no iba a durar toda la vida (cuestión de envejecimiento, supongo) pero lo que no adivinaba era que iba a llegar en el ecuador de mi veintena. Hace ya tiempo que me convertí en lo que siempre detesté, lo que algunos denominan en deporte "público de ópera". Aplauso juicioso, emoción controlada.

En este juego de las sinceridades he de reconocer también que cierto cansancio profesional (exceso de implicación mediática jazzística en relativo poco tiempo) puede ser el causante de mi alarmante baja cifra de asistencia a directos (no exclusivamente de jazz) en el último año. Un alejamiento voluntario necesario cuando el placer se convierte en trabajo rutinario.

La invitación de un buen amigo canario para acompañarle en su debut "jazzero" fue buena excusa para volver al ruedo festivalero; ruedo que, por supuesto, cuenta con su "imprescindible" farándula dispuesta a hacerse notar con paseos de llegada tardía, refrigerio a destiempo y fuga a contratiempo. Incluso hubo quien en el tendido degustó buen pescado (a tenor del olor) con vajilla y cubiertos. Imágenes y olores que pusieron a prueba un estómago, el mío, que todavía hoy asimila mal la mezcla de música con acto social. El "Almax" de la estoica resignación apaciguó la indigestión.

Afortunadamente entre el respetable siempre hay alguien capaz de endulzar el empacho de una excesiva doble velada musical. Las horas de más y mis fobias fueron menos gracias a ella. De la mano materna al principio y sola al final (la vista, y sólo la vista, agradeció la decodificación) disfrutó, aplaudió, miró (prismático en ristre) y sedujo a servidor desde sus deliciosos veinte años (cálculo visual aproximado). Divino asidero para la esperanza en el relevo generacional del aficionado.

Pero volvamos al principio. El doblete de la Trinidad ponía a prueba los efectos de mi alejamiento voluntario al directo. ¿Volví a donde solía? Ni de lejos, pero al menos ciertos síntomas indicaron una posible recaída en el virus del disfrute: Aplausos, movimiento de pies al ritmo de la rítmica, pequeños alaridos de placer... La vacuna de la desidia tiene sus puntos débiles que por momentos socavaron las dos Big Bands de la noche.

La Big Band de Dave Holland y la que revive al clásico legendario Charles Mingus propusieron dos maneras bien distintas de entender una misma maquinaria. Maneras en lo visual y en lo sonoro. Con la única diferencia instrumental del vibráfono (Holland) por el piano (Mingus) la disciplina y sobriedad de los primeros deviene en aparente anarquía y caos en los segundos; la elegancia y complejidad de composición y arreglos en selvática visceralidad...

La maquinaria del contrabajista Dave Holland funciona con pasmosa facilidad en la nada sencilla lectura de los temas del británico. Piezas que individualmente flojearon en algunos casos quizá con motivo de una ya larga gira que se cerraba en Donosti. Su calidad, por otro lado, está más que sobradamente demostrada. Todos, incluidos también los músicos de la Mingus Big Band, tuvieron su momento de gloria personal, pero sólo algunos (pocos) "hablaron" con su instrumento. La mayoría dijo con largas frases lo que podía haber explicado en cuatro palabras. Son los riesgos de la tan habitual, hoy por hoy, autocomplacencia técnica.

Con esperanza en el relevo generacional de público y con síntomas de recaída en servidor llegó la retirada tras más de tres horas de asiento. Una velada como constatación de un Holland en estado de gracia creativo y una Mingus Big Band que revive a medias el espíritu de un glorioso transgresor, Charles Mingus. 


Por Carlos Pérez Cruz