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HAN BENNINK


Han Bennink
© Jesús Moreno

Ficha del concierto
Fecha: 27 Octubre 2012
Lugar: Centro Cultural 'El Matadero' de Huesca (Festival Periferias 13.0)

Han Bennink (batería)

Un sólo golpe bastará… para acallarlos. Directo de baqueta a la caja y - después del susto de algunos espectadores todavía a lo suyo - silencio en la sala. Han Bennink o de cómo ser y sentirse un chiquillo en escena pero con el control de la veteranía, que en su caso es de pedigrí. Pionero de la improvisación europea (aunque rechace con desdén tal calificativo), el baterista holandés apenas necesitó unos minutos para deshacer lo que el equipo técnico de ‘El Matadero’ le tenía preparado (¡fuera micros!) y apenas treinta y cinco de actuación para quedarse con el respetable. En pequeñas dosis, sin grandes aspavientos aunque con contundencia.


Han Bennink durante la prueba de sonido
© Jesús Moreno

Al primer golpe seco y directo a la yugular auditiva le siguieron unos cuantos más. Entre unos y otros fue hilando pequeñas historias a las que puso hilo melódico: en algún caso con su silbido (Cherokee), a gritos (Salt peanuts! Salt peanuts!) o canturreando (sin identificar por mi disco duro mental). Es probable que en su cabeza sonara una banda subida a lomos de su batería, aunque para el espectador es suficiente con la pegada. Lo que a priori puede parecer una presencia coja (la falta de referentes melódicos y armónicos) se convierte en manos de Bennink en una incitación al despertar de la imaginación (qué mayor interacción que esa, hoy que tanto parece denostarse la pasividad tradicional de la figura del oyente y en que todo ha de ser interactivo) y en un admirable ejercicio de sutilezas técnicas (la baqueta golpeando otra baqueta, mientras el rebote de ésta sobre la caja genera contrapunto rítmico) y de ingenio (golpea una baqueta introducida parcialmente dentro de la boca que, al variar su gesto, produce diferentes resonancias).



Setenta años y una figura inmensa que Han Bennink flexiona como si tal cosa. Lo mismo eleva un pie y lo apoya en la caja (como elemento de presión del parche) que se sienta en el suelo con las piernas abiertas. Todo es percutible (su currículo así lo defiende). Aunque su actuación oscense fue comedida en presumibles heterodoxias, demostró cómo hasta los zapatos pueden recibir con gracia los golpes de baqueta y cómo el cuerpo se acciona por completo para crear un todo rítmico que combina la habilidad tradicional del baterista con la peculiaridad de unos pies que en su movimiento generan pulso, contratiempo y riqueza tímbrica en su golpeo del suelo.

La actuación de Han Bennink abrió sesión triple en la programación vespertina del Festival Periferias, edición dedicada este año a la Nueva Comedia. Aunque no es un comediante, Bennink pertenece a esa escena holandesa de improvisación surgida en los años sesenta no exenta de (buen) humor. ¿Es humorística su acción sobre el escenario? No lo creo. Y sin embargo al espectador se le dibuja una sonrisa y, en ocasiones, se le despierta la risa. Simplemente porque Bennink carece de complejos y su desinhibición abate los nuestros. El holandés mantiene activo ese juego que debería ser la vida: lleno de curiosidad para probar, errar y, a veces, acertar. Como el que le llevó a intentar hacer rebotar baquetas en el suelo para cazarlas al vuelo. No era una excentricidad, sino un complemento para llevar al terreno de lo visual el juego rítmico de la música.

Carlos Pérez Cruz


Han Bennink y Jesús Moreno
© Carlos Pérez Cruz