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Vive la ciudad de Getxo
estos días partícipe de una vorágine jazzística difícilmente
encontrable por otros lares.
Desde la media tarde y hasta avanzada la noche cualquier
ciudadano puede disfrutar de una oferta musical que ofrece muy
distintas formas de abordar el jazz. Desde el escenario de la
plaza del "Getxo Antzokia", hasta el escenario del
"Piper’s Irish Club", sede de las jam nocturnas,
pasando por el escenario principal de la plaza Biotz Alai, se
puede disfrutar de más de 7 horas de música (casi)
ininterrumpidas. Todos los espacios llenos, toda la atención
puesta en quienes difunden su música desde los escenarios, todo
el cariño de quienes asisten a los conciertos hacia ellos.
Esa magia que inunda la ciudad es la que hace de Getxo un
festival diferente, tanto en planteamiento como en desarrollo, a
tantos otros que inundan los veranos. Sin lugar a dudas una de
las mejores opciones del aficionado para comenzar sus vacaciones
estivales.
JORDI BERNI TRÍO
Comenzó la tercera jornada del
festival con la actuación del trío liderado por el pianista
Jordi Berni. La propuesta de este joven barcelonés discurre por
la senda del trío clásico de jazz, acompañado por el
contrabajo de David González y la batería de Xavi Hinojosa
(sustituto en esta ocasión del titular del trío Esteve Pi).
La música de Jordi Berni bebe directamente del trío de Oscar
Peterson, así lo reconoce en sus palabras y en su música, sin
ningún tipo de rubor y sin que ello suponga carga adicional a
su discurso. Jordi se presenta como un músico honesto y
convencido que intenta transmitir a través de su piano la
grandeza de los clásicos. Sus argumentos se basan en la
elegancia de los grandes del género, sin dejar por ello de lado
su particular visión del jazz. Esto le llevó a intercalar en
su concierto estándares de toda la vida ("My foolish Heart",
"All the things you are"...) con composiciones
propias. Composiciones que llevan meses sin título y a las que
Jordi no parece tener prisa en poner nombre y apellidos (los
suyos de momento parecen suficientes).
La bueno de sus composiciones es que "huelen" a estándar,
a pesar de estar recién plantadas y de que nadie las haya
recogido en ninguna grabación. Se echaron de menos más temas
del pianista, temas que seguro irán cayendo con el paso de los
meses.
Concierto de buen jazz, algo en lo que tuvieron buena culpa los
acompañantes de Jordi. Un Xavi Hinojosa exultante en algunos
pasajes (bellísima su recreación del "Inception" de
McCoy Tyner), encantado de haberse encontrado con el piano de
Berni, el contrabajo de David González y las más de 300
personas que asistían al concierto. El contrabajo de David,
brillante y equilibrado durante todo el tiempo, dio al trío la
estabilidad sobre la que dejar flotar la música. Contrabajo que
sirvió de soporte y que dejó entrever en sus solos ganas de
contar muchas más cosas.
Habrá que seguirle la pista a Jordi Berni y a sus acompañantes,
y confiar que en los próximos meses sus composiciones sean más
que la interpretación de estándares.
SOLID!
Con la actuación de "Solid!" tuvimos la
oportunidad de asistir al que parece ser primer claro finalista
del concurso de grupos. La participación de los grupos nórdicos
en Getxo es ya una tradición, casi establecida en las bases, en
el discurrir del certamen. Y razones no faltan. La música que
llega desde el norte de Europa es rica en técnica, madurez e
ideas. "Solid!" dieron buena muestra de ello.
Se presentó este trío como la formación más cuajada de
cuantas hasta entonces se habían paseado por el escenario
principal. Un trío de ensamblaje perfecto, rebosante de energía
y dominador de un lenguaje endiablado y vertiginoso que se ganó
por méritos propios su derecho a luchar por el premio final.
La guitarra de Bjorn Vidar recorrió a velocidad de vértigo los
temas compuestos, en su mayoría, por Steinar Nickelsen. Música
fresca y divertida, con ganas de agradar, atrapar y hace
balancear las cabezas del respetable. El mismo Bjorn traducía
al español el nombre de una de las composiciones de su compañero,
balbuceando algo así como "cuánto más borracho estoy, más
me gusta". Con títulos de este pelaje uno sabe que se
encontrará con un trío que busca divertirse y divertir.
Destacó junto a la guitarra la batería cargada de metralla de
Truls Ronning, enérgico en sus solos y capaz de sostener, y no
perder, al resto de la banda. Se echó de menos en algunos
temas que Steinar no exprimiera las posibilidades del hammond,
que sonó en ocasiones por debajo de las expectativas que ofrecían
sus dos compañeros de viaje. En definitiva: un muy buen
concierto de un grupo con mucho futuro.
JEAN-LUC PONTY
Salió Jean-Luc Ponty a quemar las cuerdas de su violín. Lo
consiguió, y las llamas alcanzaron al respetable que se entregó
encandilado a la música que desarrolló el quinteto liderado
por el violinista.
La música de Ponty navega desde hace años por terrenos afines
al jazz, y el concierto que ofreció en Getxo no hizo más que
confirmar lo que nos viene ofreciendo en sus últimos trabajos
discográficos. Música centrada en navegar desde el rock a la
world music, aderezado todo ello con toques de fusión africana
bien elaborada (de los que enganchan a quien tiene ganas de
engancharse). El virtuosismo del que hace gala le presentó como
vencedor indiscutible de la velada. Virtuosismo que le hizo
ganar la unánime ovación de los allí presentes.
Se rodea Jean Luc Ponty de una agrupación efectista en conjunto
pero que analizada individualmente provoca algunas dudas. El
caso más claro es el de Thierry Arpino, batería de ascendencia
rockera cuyo discurso queda en algunos temas al margen del resto
del grupo. Trabajo igualmente dispar fue el que ofrecieron
William Leconte a los teclados y el africano Mustapha Cissé a
la percusión. El trabajo de todos ellos no fue otro que el de
arropar y embellecer esa propuesta liderada sin cortapisas por
el francés.
En ese trabajo de "sidemen", que les toca ejercer,
destacó el también incendiario bajo de Guy N’Sangué,
colaborador de Ponty desde la publicación del disco
‘Tchokola’ (1991). A él le correspondió el honor de
compartir parte del protagonismo de la velada, como sucedió a
la hora de abordar "Mouna Bowa" (tema escrito entre el
francés y el camerunés) que permitió a N’Sangué demostrar
sus bondades con el bajo.
El concierto fue un éxito y el público, en pie, un clamor en
pro de lo escuchado. Sin embargo para muchos resultó igualmente
aburrido. Lo dicho anteriormente: música efectista, llena de
piruetas instrumentales pero que a ratos no se sabe muy bien
donde conduce... música que tras acabar el concierto se olvida.
Por Borja
Judel |