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Richard Galliano "Piazzola Forever"

Ficha del Concierto
Fecha: 1 Febrero 2003
Lugar: Sala de Cámara del Auditorio Kursaal (Donostia)
Asistencia: 700 espectadores aprox.
Hora: 20:00

Componentes:
Hervé Sellin (piano)
Jean Marc Phillips (violín solista)
Sébastien Surel (violín)
Jean-Marc Apap (violín alto)
Henri Demarquette (violoncello)
Stéphane Logerot (contrabajo)
La música de Astor Piazzola ha pasado el filtro del tiempo que toda música debe pasar. Ese filtro que determina quiénes han de ser los nombres que pasen a la posteridad por lo intemporal de su obra. Y Piazzola desde hace mucho tiempo pasó ese filtro sin mayor problema. Su música es sonido cargado de emociones. Unas emociones que hoy adquieren mayor significado si cabe ante las barbaries de la política social de un país que vive una dolorosa situación.

La música de Piazzola es una música de evidente aroma folclórico. El aroma seductor y pasional del tango. Una música que a pesar del localismo en origen es capaz de transmitir de tal manera que el intérprete, sea o no argentino, la siente como propia.

Las palabras "intérprete" y "propia", que acabo de mencionar, se convierten en clave para descifrar el concierto. Sentimiento de música propia en la figura de Galliano. La pasión en su labor musical, que siempre le ha caracterizado, se hizo patente en el absoluto respeto a la esencia de Piazzola tanto sonora como visualmente. Transmitió en lo visual. Sin aspavientos de fácil aplauso. Con calma apasionada de ojos cerrados. En lo sonoro ejerció de excepcional intérprete.

Intérprete con mayúsculas. La fría y lluviosa noche donostiarra devino en cálido verano para aquellos que buscaban el encuentro con el Piazzola original. Excepcional reconstrucción de Galliano y compañía en el escenario. El entregado aplauso del público recompensado con dos bises. Para quienes, sin embargo, buscábamos la deconstrucción de Piazzola, el riesgo, la creatividad de un veterano de la improvisación como el francés, el invierno continuó con su lento discurrir. Apenas unos destellos de creación personal que no sirven para derretir la nieve del desierto de propuestas creativas de nuestro territorio (y valga la contradicción).

En lo puramente técnico Galliano representa la perfección de lo imperfecto. Gesto de imperfección académica que deviene en perfección sonora admirada por el gremio (tomen nota educadores de medio pelo). Gremio de acordeones que ayer peregrinó al santuario de los cubos de Moneo en gran número. Un gremio que necesita de la popularización de nombres como Galliano para ganarse el respeto de una sociedad que todavía piensa que el acordeón suena a base de alpiste.

No quisiera por último dejar de mencionar al quinteto de cuerda más piano que con su gran comunicación gestual deja claro el largo caminar previo de este proyecto. Proyecto que sonó a las mil maravillas gracias, en parte, a la excepcional acústica del cubo pequeño. Acústicas de excepción para programaciones donde el riesgo creativo también lo es.


Por Carlos Pérez Cruz