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BALDO MARTÍNEZ
CUARTETO EUROPA



Baldo Martínez, Maciej Obara, Ramón López y Samuel Blaser
© Jesús Moreno

Ficha del concierto
Fecha: 30 marzo 2017
Lugar: C.C. Matadero de Huesca

Maciej Obara (saxo alto)
Samuel Blaser (trombón)
Ramón López (batería y tabla india)
Baldo Martínez (contrabajo)

Quizá le sorprenda a algún lector, pero he de decir que en esta ocasión estoy de acuerdo con el presidente español, Mariano Rajoy, que defendió esta misma semana en Malta que "hay que hablar bien de Europa". ¡Cuánta razón le asiste! O mejor dicho, cuántas razones nos asistieron a los presentes en el 'Matadero' oscense. Hay que hablar bien de Europa, del Cuarteto Europa de Baldo Martínez, porque es la única manera de que algunos cenutrios se abran de orejas y abandonen el sofá y los vídeos de gatitos (¡Qué monos! Aunque no sean simios).


Maciej Obara y Baldo Martínez
© Jesús Moreno

Rajoy es gallego, también Baldo, y ambos residen en Madrid. Hasta aquí los parecidos. Mucho me temo que la Europa de la que hablan uno y otro se parecen poco. A mí la del contrabajista me gusta mucho más que la del líder de la mafia de Génova, porque es inclusiva, dialoga y diluye liderazgos en beneficio del colectivo. Le honra, claro, porque aunque su contrabajo es el que pone y predispone, permite que se hable en polaco, francés, castellano e inglés no sólo sin soltar aquel "bueno, no, hombre, no vamos a hacer..." de Rajoy a un periodista británico, sino fomentando ese intercambio lingüístico y permitiendo que los diferentes acentos e idiomas perfilen el propio de(l Cuarteto) Europa.

Cierto es que la acentuación resultante en la música tiene mucho de la cadencia rítmica característica del contrabajista: ciclos circulares que, aunque parezca paradójico, le otorgan a la música un sentido de avance y crecimiento que levanta la barrera para el esparcimiento de los solistas y, muy especialmente, para los diálogos cruzados, tan enriquecedores y excitantes cuando se cuenta con músicos de esta calidad y personalidad. En ese sentido Samuel Blaser y Maciej Obara funden sonoridades, sutilezas y discursos con sencilla naturalidad, como si el polaco tuviera el don de la diplomacia suiza y el suizo el punto canalla del polaco. Todo ello muy bien azuzado por Ramón López, baterista sin igual, tipo capaz de anticiparse y amoldarse a las necesidades de la música sin perder un ápice de su muy particular pegada, esa explosión de pasión vital y musical (perdón por la reiteración) que se inflama de manera espasmódica, dotando a la música de sistema nervioso e impidiendo su modorra.


Ramón López y Samuel Blaser
© Jesús Moreno

Baldo compone muy bonito, lo que es una forma prosaica de valorar la belleza intrincada de una música y un músico que, tengo la impresión, demasiadas veces se ha visto en la tesitura de explicarse, como si lo que hiciera no fuera música (¡qué música!), sino un extraño experimento (que diría Ken Vandermark). Es música de enorme poder evocador, cadenciosa y poética, que combate su morriña con la fuerza con la que un heavy agitaría su melena. Es música de libertad y, sin embargo, bien atada; juguetona y dispuesta en varios planos. Música para escuchar que pone a bailar el alma y estimula los sentimientos. La practicaron muy juntitos sobre el escenario, mano a mano, codo con codo, intercambiando lenguas. ¡Cómo nos gusta Europa!

Carlos Pérez Cruz