Club de Jazz 29/11/2021
Conversación con Devin Gray

Conciertos

Marco Mezquida + AI
L'Auditori, Barcelona, 27 de octubre de 2021
Músicos: Marco Mezquida

Marco Mezquida + AI


Acabé descalificando en alto todo su árbol genealógico, con la suerte para ella de que, como mucho, podría haberse sentido ofendido algún ingeniero. Es la ventaja de ser una voz producto de la inteligencia artificial. Por muy inútil que resultes, los improperios te entran por un lado y te salen por el otro. El otro fue, en aquel caso, a) una pregunta absurda, b) una disculpa. El resultado: c) un callejón sin salida.

Lo anterior me sucedió tratando de ser atendido por un ser humano del servicio al cliente de una compañía telefónica. Calificar aquello de “diálogo” es ser muy optimista. A no ser que fuera “de besugos”. Como el que pareció mantener el pianista Marco Mezquida con un artefacto de inteligencia artificial en el Auditori de Barcelona. El invento, representado en escena por una especie de maleta digital, tiene cuatro padres: Iván Paz (músico e investigador), Philippe Salembier (ingeniero), Josep Maria Comajuncosas (músico e ingeniero informático) y Joan Canyelles (músico e ingeniero). Los cinco han trabajado juntos durante meses para dar satisfacción a una iniciativa del Festival Sónar en colaboración con la Universidad Politécnica de Barcelona.

Mezquida, uno de los músicos de cabecera de quien esto escribe, afirmó en la previa del concierto que la experiencia era “todo un viaje musical, una conversación con la inteligencia artificial” fundamentada en el conocimiento que la máquina ha ido adquiriendo sobre las técnicas y sonoridades del pianista. Se nos dijo que ambos, hombre y máquina, reaccionarían en tiempo real a sus respectivas propuestas. Solo el menorquín sabe si lo que vivió en el escenario se le asemejó a una conversación, pero desde fuera el desequilibrio entre la flexibilidad del pianista y la rigidez de la máquina era evidente. Por mucho que hay quien piensa que la dinámica resultó “muy similar” a la de dos improvisadores en escena, mi impresión es que Marco y su contraparte podrían haber acabado a gritos en camerinos.

No tengo nada ni contra el experimento (¡faltaba más!) ni contra el entusiasmo con el que lo recibieron algunos periodistas que firmaron notas en prensa sobre él. Me sorprende, eso sí, la ausencia de cuestionamientos básicos. La afinidad o rechazo a los sonidos generados por la maleta es irrelevante a efectos del experimento, al igual que la capacidad de reacción rápida de Mezquida no estaba en cuestión. Un máquina frente a la máquina, como lo puede ser un tenista frente a las máquinas que lanzan pelotas. Y no llamamos a eso partido de tenis.

Al igual que Werner Herzog advirtió contra la disneyficación de los animales salvajes (véase Grizzly Man), al analizar lo vivido en Barcelona corremos el riesgo de concederle al artefacto emociones de las que carece. Ni pudo “agobiarse”, como se ha escrito, ni hubo tal diálogo. Lo que hubo fue un pianista extraordinario resolviendo, con mayor o menor margen de maniobra y sobre la marcha, la suerte de ecuaciones sonoras planteadas por la máquina. Ejercicios delante del público. Gimnasia para el improvisador. Para la música a dúo hubiera hecho falta otro humano. Y menos humo, eso también.

Texto: Carlos Pérez Cruz

Fotografía: Sónar Festival (streaming)

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