Club de Jazz 7/12/2018
Democracia sonora

Conciertos

Paal Nilssen-Love 'Large Unit' + Samuel Blaser, Marc Ducret y Peter Bruun
Rhizome DC, Washington DC, 16 y 17 de junio de 2018
Músicos: Tomi Keränen, Per Ake Holmlander, Mats Äleklint, Julia Kjaer, Andreas Wildhagen, Christian Meaas, Jon Rune, Kalle Moberg, Klaus Holm, Kristoffer Alberts, Thomas Johansson, Ketil Gutvik, Paal Nilssen-Love, Samuel Blaser, Peter Bruun, Marc Ducret

Paal Nilssen-Love Large Unit Front Line


Siendo un país de inmigrantes, Estados Unidos parece ensimismado. Hecho de retazos de todo el mundo (irlandeses, italianos, paquistaníes, chinos, mexicanos, salvadoreños...), se aísla más de lo que parece. Sin necesidad de muros trumpianos ni de nuevos aranceles a la importación. Fuera de contados espacios en sus ciudades más importantes, es casi imposible ver cine internacional con regularidad. Ni qué decir tiene, escuchar grupos foráneos del ámbito del jazz y la improvisación. Es tan difícil conocer la escena internacional in situ como saber qué pasa en el mundo viendo la CNN o la Fox, donde el extranjero suele ser ese lugar en el que caen bombas USAmericanas o que nos amenaza.

Las facilidades que tienen los músicos estadounidenses para tocar en Europa no son recíprocas para los europeos en Estados Unidos (aunque no he visto a Trump decir que esto sea injusto, quizá porque la única circulación que le interesa es la de mercancías y torres con su nombre). Como expresaba el baterista Paal Nilssen-Love, Noruega es un país que "apoya la cultura... todavía". Gracias al apoyo de la Embajada de su país, puede estar de gira por Estados Unidos durante dos semanas con una banda de trece músicos (¡!). Milagrosamente, uno de los bateristas con más brazos de la improvisación, uno de los originales Atomic o mano derecha (izquierda, central, superior e inferior) de Ken Vandermark , ha podido traerse a su Large Unit, formación que creó hace cinco años a partir de su experiencia en otros colectivos como el Chicago Tentet, de Peter Brötzmann, o la Territory Band, del propio Vandermark. Nilssen-Love continúa así la estela de sus maestros, apadrinando a jóvenes músicos de su país, más Suecia, Dinamarca y Finlandia, con una banda que, como promete su nombre, es una gran unidad.


Paal Nilssen-Love Large Unit


Una unidad que se expresa, por ejemplo, en los poderosos y efectivos unísonos de su sección de vientos sobre una rítmica que dobla tanto batería como bajos y refuerza con la imponente tuba de Per Ake Holmlander (una de las pocas excepciones de veteranía, y habitual en muchos de los grupos con los que el propio Nilssen-Love ha colaborado). Una formación que partió del solo al tutti en el inicial Breakfast in Colombia, estableciendo así la doble acepción de unidad sobre la que se articula la música de Nilssen-Love. Thomas Johansson expuso desnuda la melodía con la trompeta y ésta prendió la mecha del tenor de Kristoffer Berre Alberts hasta inflamarse y activar a un colectivo que, después de entonar el himno, estalla en mil pedazos de músicas posibles que se relacionan con divergente armonía, en una hermosa catarsis de voces individuales que se reconducen finalmente sobre melodías de épica ayleriana.

Nilssen-Love pone el nombre y la música, pero elude el protagonismo. Establece el concepto, pero es el colectivo el que le da forma. Incorpora un instrumento infrecuente en estos terrenos, el acordeón, y crea una sorprendente sinergia con la tuba de Ake Holmlander. Trabaja sobre el arsenal de timbres disponibles y establece un puente con lenguajes contemporáneos en un juego de tensiones armónicas que encuentran el punto de fuga emocional en la fuerza rítmica de los grooves con los que se va liberando la tensión acumulada (Ken Vandermark estaría orgulloso de los riffs que construye el noruego). El grupo funciona como una maquinaria bien sincronizada que emite destellos de enorme talento individual, con notables solos en términos narrativos por parte del trombonista Mats Äleklint y del trompetista Thomas Johansson, que fueron volcánicos en el caso del guitarrista Ketil Gutvik. Fuego nórdico para el tórrido verano anticipado de Washington DC.




Por si la invasión nórdica había sido poco, tan solo un día después, y en el mismo lugar, el imprescindible Rhizome DC, un trío europeo de altísimo nivel, el del trombonista suizo Samuel Blaser, compartido con el baterista danés Peter Bruun y con el genial guitarrista francés Marc Ducret. Esta vez, a cubierto (la Large Unit actuó en el exterior de la casa -porque eso es lo que es Rhizome DC- en el marco de un festival) y después de dos actuaciones previas que retrasaron en exceso la suya. La oscuridad y languidez que habían dejado en el ambiente los conciertos anteriores sirvió para subrayar la vitalidad y la energía del trío, que resucitó a los muertos.

La relación entre Blaser y Ducret viene de lejos. El francés ha formado parte de los cuartetos del trombonista y éste ha colaborado en algunos de los proyectos del guitarrista. En escena se sitúan uno frente al otro, en un curioso cara a cara generacional y formativo: Ducret (1957), uno de los guitarristas más originales en activo, es de formación autodidacta; Blaser (1981), uno de los trombonistas más virtuosos de la improvisación, tiene una amplia formación académica. Y la fórmula funciona, ¡vaya si funciona! La virtud de Ducret está en su experiencia, en la exploración de los riesgos y los límites, en la admisión del ensayo y error. En definitiva, en vivir. El virtuosismo de Blaser explora los límites de la perfección del sonido, la limpieza en la articulación de las frases, la precisión extrema y, sin embargo, resulta extrañamente humano. Es como si estuviera ejecutando una partitura con precisión clásica subido a una vertiginosa montaña rusa de improvisación; como si las notas ya estuvieran ahí de antemano y él hubiera practicado para darlas en su sitio. Uno piensa a veces que le falta locura a Samuel y, sin embargo, es una locura que lo que hace parezca resultado de la cordura.


Samuel Blaser, Peter Bruun, Marc Ducret


El trío bascula entre los espacios más abiertos para la exploración tímbrica y la cabalgada a galope tendido hacia la confluencia final y circense de Blaser y Ducret. Un diálogo de solos, acompañamientos y contrapuntos a lomos de un baterista excepcional como es el danés Peter Bruun, cuya rapidez en el discernimiento de lo que exige el momento es fascinante. En palabras de Blaser, "el pegamento" entre él y Ducret. Cómo encaja los golpes entre los espacios, el control en situaciones límite, la sencillez con que genera la complejidad rítmica en la que se mueve la música, la elección de los materiales, lo convierten en una sólida red de seguridad en la que recoger el vuelo libre de sus compañeros. Flexible y preciso al mismo tiempo, sutil y contundente, el sonido de Bruun está definido con la precisión de un gráfico bursátil (o quizá mejor, como el perfil de una etapa montañosa del Tour de Francia). Por fortuna, en esta doble sesión de valores creativos europeos en Washington DC, no hubo más pérdidas que las sufridas por quienes no vinieron. Para los presentes, reparto de dividendos emocionales. Energía, vitalidad e inventiva para tiempos inciertos. Nos va a hacer falta.

Texto, fotos y vídeo: Carlos Pérez Cruz

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