Club de Jazz 14/06/2018
Contra el charlatán

Conciertos

Terence Blanchard & The E-Collective
13º DC Jazz Festival || The Hamilton, Washington DC (10 de junio de 2018)
Músicos: Terence Blanchard (trompeta y teclado), Fabián Almazán (piano y teclados), Charles Altura (guitarra), David Ginyard (bajo eléctrico), Joe Blaxxx (batería)

Terence Blanchard E-Collective


Aprovechando la concisión de Twitter, el baterista catalán Ramon Prats se cuestionaba: "Tengo la sensación de que gran parte de la música que se está haciendo es demasiado amable, que no concuerda con los tiempos que vivimos. ¿Os pasa o es cosa mía?". Lo que abría una vez más el baterista de Duot y del Liquid Trio, entre otros muchos proyectos, es el debate de lo político y lo artístico, de lo social y lo musical. ¿Ha de ser lo musical una respuesta, una reacción, una propuesta social y política o un ejercicio de evasión? ¿Puede ser ambas cosas a la vez? Y en el caso de la música instrumental, ¿cómo lograr esa concordancia "con los tiempos que vivimos"? ¿Cómo expresar sin palabras? ¿Cómo transmitir un mensaje sin letra?

Ramon reside en Catalunya, una región del mundo que, especialmente en los últimos meses, vive una gran tensión emocional por la represión policial y judicial del deseo de una parte mayoritaria de la población de decidir su futuro político. Para la generación de Ramon, una situación inédita, al menos en su grado de intensidad. Si ampliamos el foco, la imagen no ofrece un retrato más tranquilizador. En Europa, la misma Europa devastada por el odio durante el siglo XX, vuelven a cotizar los movimientos fascistas. Y en Estados Unidos, un ególatra racista, cuya vanidad se mide por la altura de sus torres, parece querer esterilizar de inmigrantes un país construido por ellos. Son solo algunos apuntes de un mundo que transmite malas sensaciones, aunque solo sea por la saturación de inputs y breaking news que nos abofetean a través de las redes sociales. La sensación es que, a velocidad de vértigo y de manera impredecible, se están produciendo acontecimientos de enorme calado político y social que no necesariamente anuncian un mundo mejor. ¿Hay reflejo de todo ello en la música?

No es la primera vez que el trompetista Terence Blanchard vincula su música a la reflexión social y política. Lo ha hecho sobre el huracán Katrina y sus consecuencias en su ciudad natal, Nueva Orleans, junto al cineasta Spike Lee (de quien es su compositor de cabecera), pero también en sus propios proyectos. Ahora, junto a su joven banda, The E-Collective, expone la violencia armada y la injusticia social en su país, que en particular padecen los afroamericanos. El primer disco de la banda, Breathless, se refería en su título al asesinato por estrangulamiento de Eric Garner en 2014. Detenido por la policía de Nueva York, murió ahogándose mientras repetía de manera angustiada que no podía respirar. Asociada ya la banda a la denuncia, el siguiente trabajo de Blanchard se articuló mediante una gira por ciudades estadounidenses afectadas por la violencia armada, tanto contra la población afroamericana como contra la policía, tal y como sucedió en Dallas, donde cuatro agentes policiales murieron a balazos en 2016 mientras cubrían una protesta pacífica del movimiento 'Black Lives Matter'. La idea: suscitar el debate en torno a estas cuestiones que desangran a la sociedad estadounidense y nunca parecen resolverse. Pero, ¿cómo hacerlo mediante un proyecto instrumental?


Terence Blanchard E-Collective


Quienes hubieran escuchado el disco Live de antemano, estaban prevenidos: la trompeta de Terence Blanchard suena en todo momento distorsionada mediante una modificación electrónica. Se pierde el sonido de natural poderoso del trompetista que, con esta modificación tímbrica, pretende emular el coro de voces en una reivindicación colectiva. Una elección estética (y ética) central en el sonido de este proyecto que el músico no explicó a la audiencia, por lo que solo los muy interesados en la sinopsis del proyecto podían conocer de antemano. ¿Resta eso potencia al mensaje? La idea, expresada por el propio Blanchard, tiene lógica de mensaje, pero resulta excesiva como sonido único de la trompeta durante todo un concierto. Máxime cuando su primera interlocución con el público llegó casi al final del concierto y apenas deslizó qué motivó la grabación de Live (que juega con un doble sentido: "vivir" y "en directo"), y en ningún momento la razón de la distorsión de su sonido. El debate no se abrió, simplemente se enunció sin tan siquiera expresarse una posición.

Al ir a tocar a ciudades afectadas por la violencia armada, Terence Blanchard y The E-Collective pretendían también "que la música fuera una fuerza de sanación en los lugares en los que tocábamos, para permitir que la música eliminara su rabia y frustración. No digo que la gente no deba estar rabiosa, pero cuando las cosas te superan, la música está ahí para ayudarte a sanar", expresa el trompetista en su web. Como ejercicio terapéutico, la música de Live es eminentemente enérgica, fundamentada en potentes grooves, en una electricidad rockera, funky y progresiva que hunde en parte sus raíces en la etapa eléctrica de Miles Davis. De hecho, el concierto arrancó con Hannibal, tema de Marcus Miller que Miles grabó en su disco Amandla de 1989. Resultó en cierto modo irónico porque, antes de su interpretación se escucharon unas palabras de Cornel West, filósofo, activista..., que ya figuraron en un disco anterior de Blanchard (Choices, de 2009), y en las que dice que "toda imitación es un suicidio; toda emulación, signo de una mente adolescente". Curiosamente Unchanged, la pieza que, junto con Cosmic warrior (incluida en Breathless) más recordaba al Blanchard compositor de bandas sonoras de fuerte emoción melódica -como, por ejemplo, la de La última noche, de Spike Lee-, la firma el guitarrista, Charles Altura.

Blanchard lidera, pero el trompetista entiende este proyecto como un conjunto coral. Incluso parece pasar más tiempo jugando con un teclado eléctrico que con la trompeta. Así, el pianista Fabián Almazán o el propio Altura gozaron de espacio para hacer en solitario la transición entre temas. Almazán dejó destellos de exuberante creatividad como solista y Altura de sentido de la progresividad en la construcción del relato, aunque los momentos más desgarradores los ofreció Blanchard cuando transformó la teoría (la voz colectiva) en práctica (gritos absolutamente desgarradores), especialmente en Kaos, tema de su propia firma y uno de los clímax emocionales de un concierto donde la reiteración de fórmulas y timbres le restó fuerza sanadora a la música y contenido al mensaje.

Texto y fotos: Carlos Pérez Cruz

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