Club de Jazz 17/01/2018
On y Off (Paraphonic 3)

Conciertos

New Year’s Eve with The Bad Plus
Village Vanguard, Nueva York, 31 de diciembre de 2017
Músicos: The Bad Plus: Ethan Iverson (piano), Reid Anderson (contrabajo), Dave King (batería)

The Bad Plus

(Esto no va a ser una reseña al uso, porque ni puede serlo, ni quiere serlo. Ni debe serlo, tampoco. Esto tampoco va a ser un texto objetivo, porque es imposible serlo cuando hablas de emociones)

Cada una de las 123 personas (según se puede leer en un cartel en el interior del local, ese es el aforo máximo permitido del local, y las entradas para la velada llevaban unos cuantos días agotadas) presentes en la noche de fin de año en el Village Vanguard era consciente de que, aunque no era la primera vez que The Bad Plus iba a despedir un año y dar la bienvenida al siguiente desde el escenario, era la última que lo iba a hacer la formación original. Tal vez por eso entre el público había gente llegada desde distintas ciudades y países, e incluso una pareja de Ohio que iba a verlos por primera vez. Es lo que tiene estar haciendo cola a -8º C mientras esperas a que abran las puertas: se empieza hablando del tiempo, como en un ascensor, y acabas reconociendo que, en ese momento, formas parte de una pequeña hermandad.

Como recordó Reid Anderson prácticamente al final del concierto, cuando acabaran de tocar el último tema del pase y el grupo bajara del escenario para no volver a subir (“there will not be an encore, we hope you will understand”), se cerrarían más de 17 años de historia conjunta, durante los cuales los miembros del trío habían vivido toda suerte de vicisitudes.

La noche iba a ser (y lo fue) emotiva. En situaciones así, uno tiene la sensación y la certeza de que forma parte de un episodio de la historia, musical en este caso, y, antes de que empiece la actuación, ya trata de no perderse detalle de lo que sucede a su alrededor. Intenta adivinar las historias de cada una de las personas que está en la sala (además del matrimonio de Ohio que se mudarán en breve a Barcelona, otra pareja venía de Washington DC exclusivamente para el concierto), trata de descubrir si hay algún músico entre el público (¡Bill Frisell!), corrobora que es cierto lo que le han dicho de que la última mesa antes del pasillo que conduce a los lavabos de caballeros está siempre reservada para Lorraine Gordon (cooorrecto)… Y se prepara. Imagina qué temas sonarán. Espera que el repertorio incluya alguno de sus temas predilectos. Porque, en esto, el público de The Bad Plus es como el público de un concierto de rock: son fans.

Y luego aparecen los músicos. Con un ligero retraso sobre el horario anunciado, como debe ser en estos casos. Y se lanzan a tocar.

La magia sigue estando ahí. Porque, aunque uno de los motivos de la marcha de Iverson es el distanciamiento cada vez mayor entre él y Reid Anderson, como ha admitido en alguna ocasión Dave King, 17 años tocando juntos marcan mucho. Y tal vez porque los tres quieren llevarse, y que nos llevemos, el recuerdo de aquel trío que rompió esquemas cuando irrumpió, más de la mitad del repertorio de esta noche serán temas del segundo y del tercer disco oficiales de la banda, These are the vistas y Give, como si de este modo quisieran conjurar sobre el escenario aquel grupo. (¿O tal vez esa elección responde a que ese repertorio corresponde a los tiempos en los que no existía tal distanciamiento?)

No sé si el concierto de Nochevieja, en el que incluso hubo palmas del público en uno de los últimos temas del segundo pase, a la manera de una “Marcha Radetzky” antes de la llegada del año nuevo, es el mejor que les he visto. Sentimentalmente, sí. Empezar el año al son de “Seven minute mind” sentado bajo un retrato de Charlie Haden no sucede cada día. Y me llevo tres momentos grabados a fuego en la memoria: el final del primer pase, con un “Silence is the question” totalmente desbocado a medida que avanzaba el tema, más próximo a la versión de Blunt object que a la de These are the vistas, con Iverson desplegando un dominio total de la narrativa, de la tensión dramática, que convirtió el Village Vanguard en una especie de sinagoga ultraortodoxa improvisada, con el público cabeceando al ritmo de la insistencia del pianista por encontrar la salida de aquel laberinto armónico; la dificultad de Reid Anderson (él, que ha convertido las presentaciones entre temas casi en un espectáculo cómico) para encontrar las palabras para anunciar que se disponían a tocar el último tema que interpretaría el trío original; y las sonrisas de una felicidad casi infantil de Ethan Iverson y, sobre todo, de Dave King durante las tres ovaciones con que el público interrumpió ese discurso.

El trío se despidió de la misma manera que había llamado la atención del mundo de la música, con tres versiones a priori inconcebibles en clave jazzística: “Heart of glass”, “Smells like teen spirit” y una furiosa interpretación de “Iron man”. Pero tal vez porque quería seguir formando parte de esa fiesta de despedida, casi un funeral irlandés en el que hay tristeza, sí, pero priman los recuerdos de los buenos tiempos, Ethan Iverson permaneció un rato en la barra, hablando con algunos de los asistentes que solo querían darle las gracias.

Texto: Ferran Esteve
Fotografía: Josh Goleman


Primer pase: Big eater, Keep the bugs off your glass and the bears off your ass, Cheney pinata, Beryl loves to dance, Neptune (the planet), Reelect that, Dirty blonde, Wolf out, Silence is the question


Segundo pase: Mint, My friend Metatron, Thriftstore jewelry, Inevitable western, Epistolary echoes, 1979 semifinalist, Seven minute mind, Heart of glass, Smells like teen spirit, Iron man

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