Club de Jazz 19/04/2018
La música es...

Conciertos

The Andrew Cyrille Quartet
26º Festival de Jazz de Guimarães (Portugal) || 10 de noviembre de 2017
Músicos: Andrew Cyrille (batería), Richard Teitelbaum (sintetizador y piano), Ben Street (contrabajo) y Ben Monder (guitarra)

Andrew Cyrille - Guimaraes 2017

"¡He cumplido uno más!", se regocijaba Andrew Cyrille dirigiéndose hacia su socio Richard Teitelbaum. Un cumpleaños, cuando todavía no duelen las articulaciones, puede parece cosa menor, pero cuando se alcanzan los 78 y uno se encuentra rodeado de músicos sobre un escenario, haciendo lo que más se desea hacer, ¡cómo no celebrarlo! Teitelbaum y Cyrille son coetáneos y ahí siguen décadas después de empezar a trabajar juntos. Ambos se marcaron a mitad de concierto un dúo ciertamente desconcertante y provocador, sintetizador/voz y batería, que despertó la tos nerviosa de parte del respetable. Vaya par de chavales...

Andrew Cyrille, cuyo legado será de todo menos complaciente, sigue fiel a su concepción de la música desde parámetros rítmicos muy elásticos, abierta a la elaboración en tiempo real dentro de atmósferas neblinosas que parecen apelar al subconsciente, que desdibujan los límites físicos racionales y dilatan el tiempo hasta deformar los trazos lineales como Dalí deshacía sus relojes. En ese estado onírico, denso y oscuro, brilla como pocos el guitarrista Ben Monder, que sustituyó al titular Bill Frisell, y de cuyo estilo es uno de sus hijos más autónomos. Monder, que ya había trabajado con Cyrille en Amorphae, es un maestro que transforma el sonido con enorme sutileza y precisión sobre tempos nada obvios a primera escucha. Su fraseo respira y transmite una serenidad que no está reñida con arrebatos de furia enfundada en terciopelo. Si alguien penaba por la ausencia de Frisell, es que no conocía a Monder.

Andrew Cyrille - Guimaraes 2017

Muy alejado de terrenos obvios, el concierto discurría dentro de un estado de embriaguez del sonido, somnoliento pero inquietante. Parecía más una manifestación instrumental del silencio, cuyos límites exploraron tanto como la maleabilidad de los timbres y el pulso. Hasta que Cyrille se quedó solo en escena (bueno, Teitelbaum no se movió, que luego había que volver) y se marcó un descomunal solo de inspiración en el Congo titulado "For girls dancing". Toda la tensión acumulada, liberada de forma catártica en una exhibición de pegada, ritmo, creatividad y vitalidad. Pura energía para el baile, para desatar las emociones que habían quedado secuestradas en esa telaraña construida por el cuarteto durante más de una hora de concierto. Si alguien pensaba que la austeridad de Cyrille era cosa de la edad, debió quedarse de piedra con el solo.

Antes de compartir la alegría por su 78 cumpleaños, el concierto, que ofreció casi completo el repertorio de The declaration of musical independence, más dos dúos (Cyrille y Teitelbaum + Street y Monder) y un tema del guitarrista, Li Po (nombre de un poeta chino del siglo VIII), se cerró oficialmente con una preciosa balada que el ausente Bill Frisell escribió pensando en Cyrille: Song for Andrew, precioso y delicado aterrizaje para una noche de fuerte tensión emocional y celebración de un músico irrepetible y gloriosamente independiente.

Texto: Carlos Pérez Cruz
Fotografías: Paulo Pacheco

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