Club de Jazz 20/07/2018
Marco Mezquida

Conciertos

Vincent Herring's The Story of Jazz Orchestra
26º Festival de Jazz de Guimarães (Portugal) || 9 de noviembre de 2017
Músicos: Vincent Herring (sa y fl), Jon Faddis (tp y voz), Jeremy Pelt (tp), Eric Alexander (st), James Carter (st y cl), Wycliffe Gordon (tb), Mike LeDonne (p y tcl), Kenny Davis (cb y b), Carl Allen (bt) y Nicolas Bearde (voz)

Herring's The Story of Jazz

¡Vaya! Tantos años dedicándome al jazz y el saxofonista Vincent Herring me hace saber con su The Story of Jazz Orchestra que o bien lo mío ha sido pura necrofilia o aquello a lo que me he entregado en cuerpo y alma es de todo menos jazz. Verán, resulta que el jazz murió el año en que nací, 1979. That's all, folks! Si nos atenemos a la narrativa de Herring, 62 años después de la grabación de la Original Dixieland Jazz Band, hito simbólico del parto del jazz, su fulgurante evolución e historia tocó techo. Todo lo que vino después resultaría, por lo tanto, redundante, 38 años de más de lo mismo. Jazz en el museo, donde las reliquias se exponen en urnas.

Siempre me ha llamado la atención cómo Europa ha comprado con facilidad todo tipo de proyectos de "homenaje a", propuestas con mayor o menor fortuna que reúnen a un puñado de músicos estadounidenses para tocar el repertorio de un determinado artista, llámase Miles, 'Bird' o Monk. Más allá del merecido reconocimiento a los grandes referentes de la historia, subyace nostalgia por un pasado que, lo siento, lo es. E incluso, y lo que es peor, un mensaje político: esto es jazz. Eso fue lo que se nos contó anoche en Guimarães. Todo hubiera sido diferente si a la propuesta no la hubieran bautizado como "Jazz – The Story". De atenernos a la que nos contaron, no sólo es una música con principio y final sino que es una historia masculina (apenas asomaron los nombres de algunas de las cantantes clásicas) y, salvo contadísimas excepciones, cosa de USAmericanos.

A Herring y su orquesta le pierde la grandilocuencia. Como ejercicio de marketing puede que les resulte eficaz, pero desde una perspectiva crítica lo que nos ofrecen es un puñado de lugares comunes ejecutados con más o menos brillantez, hilados con fluidez, y mal acompañados por un audiovisual de baratillo en el que circulaban portadas de discos y fotografías/vídeos de músicos, rotulado con dudoso gusto estético (alguna errata, como la de Chick "Correa") y sin sincronía con lo que sucedía en escena, hasta el punto de que muchos de los segmentos históricos que pretendían abarcar acababan en pantalla mucho antes de que terminara la interpretación. Historia del jazz en cuatro grandes bloques temporales: 1917 a 1939, 1940 a 1959, 1960 a 1969 y 1970 a 1979. Y de bis, What a wonderful world.

Herring's The Story of Jazz

No me pregunten por qué Caravan, de Juan Tizol y Duke Ellington, abrió el bloque de 1960. Quizá fue un aviso: señores, retrocedamos que hay que evitar determinadas curvas peligrosas de la historia. Se concedieron un Song of the underground railroad, guiño al Africa / Brass, de John Coltrane, pero a partir de ahí, más allá de los toques eléctricos y funk de la etapa setentera -Spain de Chick Correa (Corea, perdón) incluido-, la sensación fue regresiva. El techo histórico como fuerza de la gravedad empujando hacia abajo en la historia, cuando ya habíamos pasado por So What, Summertime y el inicial The St. Louis Blues. Curiosamente, y aunque el punto de partida de su viaje lo marcaba la mentada grabación de la ODJB, no se hizo ninguna referencia al repertorio que dejaron impreso en ella. Quizá fue un ejercicio de ajusticiamiento retrospectivo: una música que nació negra cuenta con una primera grabación de blancos. ¡Ah! Cosas de la época. La orquesta de Herring la conforman ocho negros y dos blancos.

Hubo detalles curiosos, como que el saxofonista Eric Alexander y el trompetista Jeremy Pelt permanecieran inéditos prácticamente hasta llegar al repertorio del jazz "moderno". Hasta entonces, James Carter y Wycliffe Gordon, con algunos detalles de Jon Faddis, habían hecho de las suyas en el territorio "clásico". Escuchar cómo Faddis sigue conservando unos sobreagudos imposibles a sus 64 años fue de lo mejor de la noche, así como la eficacia del pianista Mike LeDonne o el sonido de terciopelo de Pelt. Pero el que más excitó al respetable fue James Carter, que sigue atrapado en Kansas City. Quizá las brasas de su fuego expresivo fueron las que pusieron en pie al público. Aunque a mí todo aquello me dejó muy frío.

Texto: Carlos Pérez Cruz
Fotografías: Paulo Pacheco

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