Club de Jazz 20/07/2018
Marco Mezquida

Conciertos

Nels Cline 'Lovers' com Orquestra de Guimarães
26º Festival de Jazz de Guimarães (Portugal) || 8 de noviembre de 2017
Músicos: Nels Cline (guitarra), Michael Leonhart (trompeta y dirección), Alex Cline (batería), Devin Hoff (contrabajo) y Orquestra de Guimarães

Nels Cline

Algunos términos los carga el diablo. En buena hora se le ocurrió a Nels Cline hablar de 'mood music' (música ambiente) para referirse a la génesis de su primer trabajo publicado en Blue Note, uno de los sellos referentes de la historia del jazz. Hay músicas desprestigiadas y, sin duda, la música ambiental es una de ellas. Claro que en su momento era un género en sí mismo y ahora todas las músicas parecen ser válidas para ese cometido. Según me reconocía el propio guitarrista, quizá se equivocó al utilizar el término. Le habría ahorrado muchas explicaciones.

De lo que en realidad parece hablarnos Lovers es de la educación sentimental del californiano, de las canciones que han ido alimentando su intimidad a lo largo de la vida, probablemente acompañando ensoñaciones y amores, consolando rupturas o, por el contrario, ahondando en la pena. Canciones que están ordenadas en el disco con sentido autobiográfico, respetado con ligeras variaciones en la noche inaugural del '26º Festival de Jazz de Guimarães'. Arreglos que respiran mayor realismo, profundidad, verdad y, si me apuran, ironía, que algunas de las propuestas originales en las que se inspira Cline. Se trata de eliminar trazas de azúcar o, si se quiere, de afilar los bordes para permitir que las canciones remitan al sabor agridulce, en ocasiones amargo, de las emociones humanas. Lo contrario hubiera resultado chocante dentro de la carrera de un músico de la complejidad de Nels Cline.

El riesgo de Lovers es el de encontrar coherencia al dar cabida a canciones de origen tan dispar como Beautiful love o Glad to be unhappy, parte del book romántico de la música USAmericana, Cry want, del clarinetista Jimmy Giuffre, So hard it hurts / Touching, de Annette Peacock o Snare, girl, de Sonic Youth, además de temas propios de Cline. No resulta sencillo dar continuidad y generar sensación de unidad cuando el material tiene origen tan diverso, aunque todas ellas tengan el nexo común del amor, el romance, la intimidad y el sexo. En ese sentido, el trabajo de orquestación y arreglos del trompetista Michael Leonhart resulta muy notable, en un permanente equilibrio entre reminiscencias de la elegancia orquestal romántica y lenguajes más contemporáneos, a caballo entre recursos compositivos clásicos y otros más propios de la contemporánea y de la conducción de improvisadores.

Nels Cline

El reflejo de la secuencia de temas nos ofrece un relato biográfico que va del romanticismo naif del inicio hasta la feliz serenidad de un final dedicado a su mujer, Yuka Honda (con quien se casó en 2010, y responsable, según Cline, de que el proyecto no sea más oscuro), al que se llega tras pasar por momentos más turbadores, negros y desestabilizadores, punteados por fogonazos de lucidez y esperanza. La vida misma. Una banda sonora personal conformada por esa lista de canciones que todos podríamos hacer con cada vivencia sentimental relevante de nuestra vida. Y aunque es llegado a los 60 cuando Cline ha podido llevarlo a cabo, era una idea que ha rondado su cabeza durante casi tres décadas.

En la gira europea de presentación de Lovers, Cline sólo cuenta con cuatro de los veintitrés músicos originales de la grabación, diecisiete en escena gracias a la Orquestra de Guimarães, una formación camerística de jóvenes músicos locales y de la cercana Oporto, que realizaron un meritorio trabajo de adaptación en tiempo récord. Seguros en sus intervenciones solistas, reaccionaron con rapidez incluso en algunos instantes de lógico desajuste. En sincronía, y también en contraposición con ellos, el guitarrista ejerce de solista canónico de jazz, de experimentador sónico y de roquero/bluesman sofisticado. Elegante hasta en la distorsión y el juego de electrónicas, Nels Cline hizo una exhibición de discreción, respiración en el fraseo y maravilloso sentido del tempo. La amplitud de sus gustos musicales enriquece un lenguaje que puede amoldarse tanto al fraseo del swing clásico como al pop-rock o a los extremos estéticos más aventurados y ruidistas. La bendita versatilidad de un auténtico music lover.

Carlos Pérez Cruz
(Fotografías cedidas por el festival)

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