Club de Jazz 25/10/2020
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M·A·P (Marco Mezquida, Ernesto Aurignac, Ramon Prats)
Bilbaína Jazz Club (Sala 'La Bodega') - 19 de noviembre de 2015
Músicos: Marco Mezquida (teclado), Ernesto Aurignac (saxo alto), Ramon Prats (batería)

M·A·P Bilbaina

Hace unos años, Chema García bautizó el trío de Agustí Fernández, Baldo Martínez y Ramón López como la "santísima trinidad del jazz patrio". La formación de TriEZ venía a significar la de un súper-grupo, concepto de mercadotecnia que se maneja con soltura con algunos jazzistas USAmericanos reunidos para hacer caja en festivales y ciclos europeos. En cuestión de dotes, los ibéricos tenemos también nombres de los que poder presumir y que, reunidos, consiguen que nuestras orejas echen chiribitas. Otra cosa es que la enunciación de sus apellidos no nos ponga tan estupendos ni engolados como con los de los yankees.

Si TriEZ era la celebración del encuentro de tres grandes con largo recorrido, MAP viene a ser una de las mejores expresiones de su relevo. Que lo hay lo sabemos hace años (en realidad, y por fortuna, siempre lo ha habido), pero MAP es quizá una de las encarnaciones más felices de la buena nueva y, sobre todo, un trío que se maneja en parámetros de libertad y creatividad parejos. No digo con ello que sean lo mismo -porque no lo son (ni falta que les hace)-, pero MAP, la santísima trinidad de la buena nueva ibérica, comparte con TriEZ una perspectiva abierta del jazz y la improvisación, abierta al momento, estructurada a la par que libre, sólida y líquida a partes iguales.

En MAP cruzan caminos y momentos el pianista Marco Mezquida, el baterista Ramon Prats y el saxofonista Ernesto Aurignac. Poco que añadir al impacto de Mezquida, cuya aparición en la escena musical (¿por qué decir jazzística?) ha sido la de un meteorito en una pecera. Marco ha desbordado los calificativos razonables para alguien con más años por delante que por detrás como profesional. Su extrema sensibilidad musical, su romanticismo hipnótico tan perceptible en los solos de piano, es también juego y vacile, virtuosismo con sentido y dirección, siempre atento a cualquier inflexión en el discurso de sus compañeros. En él se concita la rara felicidad de un extraordinario músico que, además, es nombre propio, alguien a quien recordar(emos) y reconoce(re)mos al escucharlo. Lástima que en la noche de La Bilbaína no dispusiera de piano y se tuviera que conformar con teclado. La buena noticia es que hizo con él lo que quiso y electrificó la sonoridad del trío para dotarlo de una personalidad diferente, más densa y rockera en algunos momentos, de juguete en otras. Marco podría hacer Arte hasta con un Casio.

M·A·P Bilbaina

Ramon Prats es un baterista soñado, preciso y cristalino en la pegada, poseedor de una técnica pulida, con recursos sobrados para vitaminar el acompañamiento más convencional y excitar la exploración más intuitiva. Su aparente falta de esfuerzo en el gesto es de las que anonadan a los diletantes. En MAP confirma su buen olfato para la composición, con U como gran hit, asumido ya como himno del trío, una línea melódica que recuerda a algunos de los grandes ejercicios de in crescendo olímpico de The Bad Plus, y que puso el nudo en la garganta de los aficionados, a los que incendió Ernesto Aurignac. La musicalidad del malagueño desborda los límites de su cuerpo. Aurignac es un coloso, un músico al que su instrumento le queda minúsculo entre los brazos. De intensidad volcánica, parece que su saxo no va a poder asimilar tanta energía, tantas ganas por convertir en relato un nervio interior que se expresa con vértigo de be-bop, con la velocidad ultrasónica y la precisión de los grandes de la historia. Con Aurignac uno tiene la impresión de estar ante un concentrado de la historia del jazz, agitado y aquilatado para lucir porte del siglo XXI.

La suma de las partes hace de MAP un proyecto al que se hace difícil adivinarle los límites. La libertad que le confiere la instrumentación, sumada a la personalidad emancipada de los tres, les permite recorrer paisajes musicales extremos con la misma solidez y soltura. La pasión con la que han escuchado tanta música se trasluce en la suya, tan contemporánea y permeable al momento como de evidente conexión con el pasado, que reverencian haciéndolo presente. Toquen lo que toquen, la verdad les puede. No hay trampa ni cartón, hay pasión y excelencia. Ocupan ya un lugar capital en el mapa de mis favoritos.

Carlos Pérez Cruz

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