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Conciertos

Uri Caine Trio
Auditorio Municipal do Concello de Vigo (13º Festival de Jazz de Vigo 'Imaxinasons') || 30 de junio de 2017
Músicos: Uri Caine (piano y teclado), Kenny Davis (contrabajo), Clarence Penn (batería)
Uri Caine Trio

"Este sitio se me hace cada vez más pequeño", le confió a su amigo. Me enterneció escucharlo. Viniendo de un año en el que asistencias de 60 personas se consideraron todo un éxito en muchos de los conciertos a los que he acudido, o en el que nombres mayúsculos apenas han congregado una treintena de personas, considerar poca cosa las 300 plazas del Auditorio Municipal de Vigo resulta de un optimismo inconsciente (o de un realismo en coma). Habrá quien considere "lo normal" que Uri Caine consiguiera vender todas las entradas (¡5€!), pero a estas alturas de mi experiencia jazzística no doy nada por descontado.

El pianista abría en trío la decimotercera edición de 'Imaxinasons'. Número maldito para algunos (todo son números: de asistencia, de ediciones, de precio, de formación...), así que crucemos los dedos para que no se le atragante a un festival que es muy necesario en este país, especialmente desde que Getxo renunciara hace ya mucho a marcar la diferencia con los festivales clónicos que abundan en España. Vigo, quizá mano a mano con Vic, es hoy el más independiente, aunque a diferencia de otros grandes eventos ha tardado tanto en anunciar su programación (apenas un par de semanas antes) que hace muy complicado que, más allá de locales y vecinos de regiones próximas, alguien pueda planificar su verano jazzístico con tan poca antelación. Detalles no menores para un festival que debería tener proyección internacional.

"Plataforma para las posibilidades sonoras del jazz en el siglo XXI", 'Imaxinasons' confió a Uri Caine la primera de las noches. El maestro estadounidense es en cierto modo una 'rara avis' estética dentro de su condición de músico de la élite del jazz. Sus transgresores divertimentos 'clásicos' le situaron en el mapa a mediados de los 90, y desde entonces ha ido combinando transgresiones con propuestas que, aunque mantienen un pie en la ortodoxia, están libres de toda atadura. Así como ha explorado vertientes más rockeras y eléctricas, ha profundizado en la relación improvisación/escritura clásica/contemporánea y ha sido comodín de diferentes proyectos de Dave Douglas y John Zorn, entre otros.


Uri Caine


Teniendo como tiene el festival de Vigo su foco puesto en el siglo XXI, la propuesta de Uri Caine resultó una caja de resonancias del siglo XX. Las manos del pianista apenas pueden contener el torrente de músicas que se le acumulan en la cabeza, en la que conviven, en prodigiosa armonía, abstracciones y figuraciones del siglo pasado (y más atrás) que descarga compulsivamente sobre el teclado. Un solo minuto de Uri Caine puede remitir a Fats Waller tanto como a Stravinsky, a McCoy Tyner como a Cecil Taylor, a clasicismo, romanticismo, impresionismo, swing, funk, rhythm and blues, gospel o minimalismo. No hay 'Shazam' que no colapse intentando hacerse eco de todos los referentes que subyacen al pianismo del estadounidense en un solo minuto de música. En ese sentido, la propuesta de Caine resuena como una asimilación de la historia de la música regurgitada y expuesta, con pasmosa facilidad y aparente sencillez, sobre el teclado del piano.

Pese a ser el de Uri un pianismo tan percusivo y voraz, su cuerpo permanece impasible: un vendaval disfrazado de agradable brisa de verano. Pero su voracidad tiene también consecuencias para la asimilación auditiva, porque Caine apenas da tregua, lo que conlleva cierta saturación sensorial. Se da la aparente paradoja de que él adquiere protagonismo casi absoluto y, sin embargo, hay una compleja actividad simultánea, en la que Kenny Davis (sustituto del titular Mark Helias) establece un diálogo permanente con el pianista (muy alejado del rol convencional de walking bass) y Clarence Penn se dedica a colorear el brutal sentido rítmico del piano de Caine, lo que prácticamente exime al baterista de establecer tempos, que son de una precisión milimétrica tanto en su pulso regular como en el vértigo de montaña rusa que fue la música en muchos momentos.

A Donald Trump dedicó Caine un a modo de blues trastabillado titulado Smelly, y a Geri Allen, fallecida esta misma semana, el concierto. Sentido y emotivo detalle para rubricar un muy aplaudido arranque de festival.

Texto: Carlos Pérez Cruz
Fotografías: Janite (Imaxinasons)

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