Club de Jazz 24/05/2018
Conversación con Mary Halvorson

Conciertos

Ambrose Akinmusire Quartet
25º Festival de Jazz de Guimarães (Portugal) || 17 de noviembre de 2016
Músicos: Ambrose Akinmusire (trompeta), Sam Harris (piano), Harish Raghavan (contrabajo), Justin Brown (batería)

Ambrose Akinmusire

Cerró el concierto con Body and Soul, como si después de todo quisiera recordarnos de dónde viene, o quizá porque esa es su forma de no olvidar. Sea por lo que fuere, acabó con Body and Soul, aferrándose a la tradición que remite a un determinado linaje del jazz, pero evitando verse engullido por él. Lo que había mostrado en la hora y cuarto anterior, resultó tan libre como abrumador, tan enérgico como contenido, tan pleno de recursos como alejado del exhibicionismo. Por Guimarães pasó un vendaval cuyos vientos no despeinaron por imposición. Más bien, por seducción y complejas sutilezas.

Ambrose Akinmusire Quartet

La actuación del cuarteto de Ambrose Akinmusire fue todo lo que se le puede pedir a un concierto de jazz: belleza en el alambre, incertidumbre, tensión ante lo que está por llegar. Nadie podrá negar que el californiano se juega el tipo, y no porque es capaz de descorchar una montaña rusa de notas cuando quiere, sino precisamente por lo contrario: por ser capaz de mantener durante prácticamente cuarenta segundos una nota aguda (creo que el Si, hablando en Si Bemol) y jugar con ella, sosteniéndola mientras el piano la rodea y la pellizca al unísono. Una sola nota convertida en centro tonal de una preciosa balada de épica crepuscular. Puro detallismo.

Akinmusire, que tiene explicada su costumbre de escribir historias, de analizar personalidades, traduce esa pasión narrativa en relatos musicales que están muy por encima de cualquier tentación individual. Todo lo que sucede en el reparto de roles está al servicio de la historia. Lejos de la convencionalidad de la colección de temas dispares, su música adquiere categoría de suite. Suite de giros inesperados, bruscos, imperfectos, piedras preciosas todavía por pulir pero cargadas de intensidad emotiva, de humanidad, de corazón. Vendaval en el que Ambrose entra, tantea y se sale, como si necesitara tomar distancia y simplemente escuchar la que están liado sus compañeros. Tifón de unísonos enloquecidos y remanso de paz de armonías estáticas y circulares, como si en su interior convivieran las alucinógenas visiones futuristas de Peter Evans con el intimismo sinfónico de Terence Blanchard.

Ambrose Akinmusire

A veces desconcertante, siempre interesante, el trompetista explota al máximo los posibles de un cuarteto con melodías que pasan por todos los timbres, con dúos al unísono, bien junto al piano, bien junto al contrabajo, o estos dos entre ellos, con disociación por secciones, con Harish Raghavan y Justin Brown manteniendo en ocasiones una actividad furibunda, con barra libre para Sam Harris, que pasa de la administración minimalista del sonido a arrebatos fragmentarios de furia, con Ambrose retorciendo espasmódicamente la lógica melosa y melódica de una balada o convertido en máquina de ritmos..., y siempre generando expectación ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo acaba el cuento? Y lo que pasó es que, cuerpo y alma aparte, el corazón latió acelerado. Señal de que hubo mucha música que bombear.

Texto: Carlos Pérez Cruz
Fotografías: Guimarães Jazz

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