Club de Jazz 14/12/2019
Miguel Zenón, Sonero Mayor

Apuntes

Liquid Trio + Louisiana Variations - Sampler Sèries de L'Auditori de Barcelona (11 diciembre 2019)

Louisiana Variations

Agustí Fernández (piano)

Barry Guy (contrabajo)

Torben Snekkestad (saxo)

Albert Cirera (saxo)

Ramon Prats (batería)


En el escenario son cinco, pero contados con detenimiento, suman seis. Cosas de la modernidad líquida, del estado fluido en el que se manifiestan las músicas improvisadas. El concepto lo acuñó el filósofo Zygmunt Bauman y sirve tanto para una sociedad en constante transformación y movimiento como para una música en la que quizá lo único fijado es el silencio del que parte. Todo lo demás cambia a cada instante. También el silencio. Más o menos denso, más o menos líquido, más o menos ruido.

Cinco pueden ser seis y seis sonar como veinte... o como uno, cuando la sincronía es tan perfecta que resulta imposible discernir el todo de las partes. Al contrario que con los ejercicios corales de uniformidad norcoreana, aquí se admite la disidencia y, si me apuran, el libre albedrío. Libre, he ahí la cuestión. Libre... libres... para asumir la responsabilidad de decidir. Libres para equivocarse e intuir en ello un posible acierto. Libres para dudar de la consonancia como valor absoluto, del tempo como unidad mesurable. De la disonancia surgen preguntas con infinitas posibles respuestas. Del divorcio del metrónomo, nuevas percepciones del curso del tiempo. Si hay quorum, la tensión estalla en mil pedazos de euforia contenida. Se libera la locura. Instantes fugaces y extraordinarios de lucidez colectiva. El éxtasis de la insurgencia.

Son cinco y seis a la vez. 3+3 = 5. La explicación es prosaica. Dos tríos de los que nace un quinteto. La suma sale del cruce en escena de dos conjuntos con un afluente común: Agustí Fernández. 3 del Liquid Trio (Agustí, Ramon y Albert) + 3 de Louisiana Variations (Agustí, Barry y Torben). Liquid es la transfusión de sangre renovada por las venas de la escena de improvisación catalana. Louisiana, un certificado más del pasaporte lleno de sellos del pianista. De unos fue maestro. Con otros, comparte maestría. Los cinco, de igual a igual, se embarcarán en una conversación multigeneracional, poliédrica y volcánica. Llena de matices y dialectos. De libertad disciplinada.

Suelen llamarlos radicales. Dice Barry Guy que los radicales son aquellos capaces de ver una alternativa, de vislumbrar vida más allá de los límites, de inventar la música a cada instante. Tocan como si su vida dependiera de ello. Escuchamos como si la nuestra dependiera de ellos. Mientras dura el hechizo, su camino es el nuestro. Dialogan y nos interpelan. No descubren América a cada instante, pero nos empujan hacia los polos, lejos del ecuador de nuestra complacencia. Expanden nuestros horizontes y cuestionan sus límites. Vislumbran y ponen el pie rincones apenas transitados. Un viaje colectivo, íntimo y personal.

Mano a mano han crecido durante más de una década. Han descubierto y se han descubierto como un Duot extraordinario. Albert Cirera y Ramon Prats. Ramon Prats y Albert Cirera. Su constancia y disciplina es el cemento que mantiene en pie uno de los faros más brillantes para guiar a los que pretenden empezar a navegar las aguas salvajes de la improvisación. Frente a la tempestad de la indiferencia, la terapia de la obstinación. El premio no siempre se recoge bajo los focos ni el trofeo es la culminación. Más de una década después, siempre hay algo por lo que volver a empezar, un nuevo sendero que abrir. Lo demás es fórmula.

Contra el ensimismamiento y aislamiento local, Cirera eligió la perspectiva global. Vio, escuchó, tocó, creció y tomó distancia en Lisboa. Inquieto y voraz, fue a cuestionarse a Copenhague. Allí se topó con un “científico del saxo”, el noruego Torben Snekkestad. Cautivado por los multifónicos de un instrumento monofónico, Snekkestad les ha dedicado tres años de estudio, tres discos y una conclusión: “llevará toda una vida explorarnos en toda su profundidad. Probablemente varias vidas”. De su investigación de los “secretos ocultos” del instrumento se deriva su ensayo sobre “Las poéticas de un paisaje multifónico”. Improvisar no fue nunca una ocurrencia. O como dijo Agustí: “Cuando improviso intento ser tan estricto como cuando toco Bach”.

Carlos Pérez Cruz

Nota: publicadas originalmente en el programa de mano del concierto celebrado en el Auditori de Barcelona el 11 de diciembre de 2019.

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