Club de Jazz 7/12/2017
De gatos y Satchmo

Apuntes

[Concurso] 2 entradas dobles para Peter Evans Trio - Sampler Sèries de L'Auditori de Barcelona (17 diciembre 2017)
Tags: Peter Evans

Peter Evans Sampler Series

Club de Jazz, en colaboración con L'Auditori de Barcelona, regala dos entradas dobles para el concierto que ofrecerá el trío de Peter Evans el domingo 17 de diciembre, a las 18 horas, en el Teatre del CCCB, de Barcelona, dentro del ciclo Sampler Sèries.

Para participar en el sorteo, será preciso enviar un mail a nuestro correo club[@]elclubdejazz.com con el asunto 'Concierto Peter Evans' o compartir en Twitter este artículo con el hashtag #EntradasPeterEvansBCN. La participación está abierta hasta el martes 12 de diciembre. El sorteo se resolverá el miércoles 13.

Notas del programa de mano

Quizá sea anecdótico, pero quedó grabado en mi memoria: Peter Evans no tenía wifi en casa. Cuando quería conectarse a internet, se acercaba a un bar cercano. No sé si eso habrá cambiado, pero el detalle explica mucho en tiempos de dispersión digital. Por ejemplo, que el desarrollo de la cualidades estratosféricas del trompetista encuentra acomodo en un estudio disciplinado, quizá rayano en la obsesión, y siempre concentrado. Que Evans venga capacitado de serie para la práctica de la trompeta es una cosa; que haya alcanzado cotas de virtuosismo delirante, es otra. No hay lotería que premie con esos dones.



Bauticé a Peter Evans hace unos años como 'P.E. El extraterrestre'. Desde mi perspectiva de trompetista, resulta difícil asimilar que sea humano su manejo del instrumento. Pero también me encontré con otra dificultad, la de hacer comprender a profanos en la materia que aquello de lo que es capaz el estadounidense no es normal; que no existen (o yo no conozco) trompetistas con semejantes cualidades técnicas, hasta el punto de haberle sonsacado al instrumento sonoridades y usos insólitos (especialmente a la trompeta piccolo, pensada en origen para la interpretación de determinados repertorios del Barroco). Y eso que, como el propio Evans me subrayaba, la trompeta sigue siendo la misma que se tocaba un siglo atrás. Es decir, al contrario que con los juguetes electrónicos de nuestra era, la evolución no está en la herramienta.

Jim Black, una de las rítmicas más complejas del panorama jazzístico, y miembro del quinteto de Evans, me confesaba con asombro el personalísimo resultado de su música a partir de ideas aparentemente irrealizables o contradictorias. Asombro que parecía compartir el propio autor cuando, en mitad de un concierto en Madrid, se bajó del escenario para disfrutar en marcha de la maquinaria que él mismo había ensamblado. Los que tuvimos la suerte de asistir, salimos entre extasiados y desconcertados. Evans sonreía como un chiquillo al escuchar su furiosa criatura, que en ocasiones parece disfrazarse de caos para descubrirse con plena lógica interna, por incendiaria que ésta resulte. Si la creación es un espejo del autor, el reflejo que nos devuelve de Peter Evans es el de un cerebro que trabaja a la velocidad de la luz, que se eleva hacia ese espacio exterior del que procede, pero que desprende humanidad en cada una de las emociones que despierta.

Hay infinitos Peter Evans en la ya prolífica carrera de Peter Evans. Y una voluntad de reflejar el infinito dentro de los límites finitos de la música, cuyas fronteras últimas ha ido alejando año a año en su minucioso desarrollo de esa contradicción en los términos que es el solo de trompeta. Ser capaz de generar un relato coherente con el único mimbre de un instrumento pensado para hablar en compañía (o como mucho, para el toque a rebato), se explica por su portentosa resistencia física y, muy especialmente, por la capacidad para generar narrativas a partir de centros tonales, células obsesivas, círculos infinitos, intervalos imposibles y una proyección del sonido capaz de poner a vibrar el espacio circundante y componer así una auténtica sinfonía de armónicos. Es en el solo de Evans cuando uno concluye, sin temor a equivocarse, que existe vida extraterrestre. La vibración de sus labios, en contacto con la boquilla del instrumento, es un gatillo inmisericorde que dispara balas de sonido que atraviesan cuerpos y reverberan en una suerte de eco imposible de frontón musical.

Resulta ilusorio explicar con palabras la música de Peter Evans; más si cabe de dónde viene semejante catarata sónica, alimentada por muy diversos afluentes salvajes. Sus padres escuchaban algo de jazz, pero sobre todo pop de los 80, a Michael Jackson. Y a él, que escuchó en casa al primer Wynton Marsalis y al Miles Davis eléctrico, y que pasó por el repertorio clásico orquestal, se le cruzó en el high school la música de Captain Beefheart. “La primera vez no me gustó nada. Me dejó perplejo. Pasé de odiarla a amarla en muy poco tiempo, y empecé a buscar ese tipo de sentimiento en otras músicas”. Las suyas pueden ser difíciles de amar a la primera, pero son susceptibles de generar, con la reincidencia, la adicción compulsiva de un amante primerizo. Para mí, amante incondicional, es ya imposible desligar la música más arriesgada de nuestro tiempo de la de Peter Evans. Excitada y estimulante como pocas, una revolución en tiempos de involución. Para astronautas del espacio sonoro.

Texto: Carlos Pérez Cruz

Conversaciones con Peter Evans:









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